La comodidad de liberarse del corsé del rombo


Acostumbra a decir Natxo González que no es un entrenador rígido. De hecho, cuando se le pregunta por cómo empezó a defender las faltas tan atrás o el porqué del rombo, explica que el secreto está en la experiencia. Que, como la mayoría, hubo un momento en el que defendía muy arriba, a lo Guardiola, pero que veía que eso no le daba resultado y fue retrasando posiciones hasta esa peculiar disposición ya conocida.

Y con esa filosofía, no es de extrañar que ayer pueda ser el principio de una etapa en la que el 4-3-3 cobre protagonismo. Porque por encima de gustos personales, la situación de Fede y Borja en las bandas le dio mucha comodidad al equipo.

El rombo, que también ha hecho disfrutar a los deportivistas, implica un trabajo extra para adaptarse a él y los cuatro protagonistas de los vértices tienen un sufrimiento añadido. El de atrás se encuentra más desprotegido. Los de los lados tienen que multiplicarse para tapar las bandas. Y el avanzado es más un tercer delantero que un mediapunta; ha de ser vertical y no conformarse con el ejercer de enlace entre la media y el ataque -uno de los motivos por los que Carles tiene un pie fuera-.

Y este corsé que supone el rombo fue del que se liberaron algunos futbolistas para ofrecer su mejor versión, esa que parecía olvidada. Edu y Vicente estuvieron participativos como nunca, ofreciéndose, mirando al frente, moviendo rápido el balón... Fede y Borja disfrutaron abriendo el campo y encontrando las apariciones de los laterales, que dejaron de ser habitantes perennes en la zona de tres cuartos. El balón circuló rápido. Y la afición se divirtió con un juego más dinámico y, además, que dio tres puntos. La racanería manchega del primer tiempo también contribuyó lo suyo.

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