Carles Gil, talento entre silbidos y aplausos

Natxo González deja fuera al valenciano para Mallorca y vuelve a poner el foco sobre un jugador que no acaba de explotar


Carles Gil dividió a la grada cuando se retiraba del césped de Riazor para dejar su lugar en el césped a Fede Cartabia. Hubo silbidos de aquellos que vieron en ese cambio, su momento para recordarle que si el Dépor no iba por delante en el marcador era en buena parte responsabilidad suya. Carles Gil marró dos oportunidades claras frente a los lucenses. Uno de esos disparos acabó estrellándose en el palo, el otro ni siquiera cogió dirección a portería. Para buena parte de la grada, ansiosa de reencontrarse con la victoria, la música de viento era un castigo merecido. Lo cierto es que Fede Cartabia no mejoró al 10 en el tiempo que dispuso.

Frente a esos silbidos, otros respondieron con aplausos. Algunos incluso se pusieron en pie para despedir al atacante. Este otro sector entendió que el ex del Aston Villa aportó clarividencia al ataque del Deportivo. Ese aliento desde la grada no era dar la espalda a la realidad. A nadie se le escapa que en sus tres temporadas como blanquiazul, Carles Gil tan solo ha anotado un gol. Fue en aquel duelo frente a Las Palmas de la última jornada de la 2016-2017 (3-0). Sí, el partido de la ola. No importa ese bagaje, sin duda pobre, para este sector que confía en el talento del valenciano y que premiaba el pasado domingo su constante disposición en búsqueda de un desmarque, un último pase o un disparo. Pese a que nada, o casi nada, esté seliéndole como él desearía. 

Carles Gil es un futbolista polémico. Polémico, en lo puramente futbolístico. Para más inri, el canterano ché se desarrolla en la demarcación -con permiso de la portería- más inflamable de cuantas hay sobre el terreno de juego. En medio de un bache, sobre todo si escasean los goles, cualquier chispa enciende la mecha. El deportivismo espera más de Carles Gil, que un año más quiere creer que este puede ser su año. Es difícil que un grupo de amigos se pongan de acuerdo sobre el valenciano. Indiscutible para unos, sobrevalorado para otros. 

Tras ser parte clave en el ascenso del Elche a primera en la temporada 2012-2013, regresó a Mestalla, donde su pérdida de protagonismo le hizo volver a salir. Esta vez el destino fue la Premier. Viajó hasta Birmingham donde su primera temporada con el Aston Villa fue un desastre. Solo cinco partidos de liga en un curso lastrado por las lesiones. Al año próximo pudo volver a sentirse futbolista al participar en 23 partidos, pero los villains acabaron perdiendo la categoría. Tocaba aligerar plantilla y así se fraguó su llegada a Riazor.

Pese a las buenas sensaciones, no encontró la estabilidad deseada en su primer año. Irregular con Garitano, Pepe Mel contó con él y la grada pudo ver un jugador de buen trato de pelota que escondía una progresión interesante. También así lo vio la directiva, que apostó por su fichaje. Pero todo se torció. Para él, y para todo el deportivismo. Acabó el curso pasado descendiendo y desaparecido de los onces. Solo diez partidos jugados en todo el curso. Ninguno lo jugó de principio a fin. Este verano se despachaba contra Clarence Seedorf. El valenciano deseó publicamente no volver a coincidir con el holandés tras haberlo pasado «muy mal» en la que fue su «peor etapa como futbolista».

Tras ser un habitual en los onces de este curso, impulsado por las lesiones de Fede y Pedro Sánchez, Natxo González opta ahora por dejarlo fuera de la lista ante el Mallorca. Fede Cartabia será el único mediapunta que viaje a las islas de los tres que se han venido desempañando en esa posición este curso prefiriendo descartar al valenciano antes que llevarlo como posible recambio. ¿Una rotación más de Natxo?, ¿una consecuencia de su último partido ante el Lugo?, ¿o quizás ambas? Lo único seguro es que no pisará Son Moix. Ante el Albacete tendrá una nueva oportunidad de convencer a Natxo, y si lo logra, otra oportunidad de encandilar a la grada. Esa que espera paciente que su talento explote de una vez por todas. En Coruña aún se tiene fe en que de un, sino dos, pasos al frente.

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