La niebla bajó a mediodía sobre el Cerro del Espino y enfrió especialmente a Carles Gil, que estiró el calentamiento veinte minutos más que el resto. En cuanto estuvo a punto, empezó a marcar diferencias en el espacio abierto entre los tres centrales del Rayo y su línea de mediocentros. Sin un encargado fijo de controlarle, el valenciano activó por la derecha a Didier, por la izquierda a Saúl y en punta a Quique y a Carlos. Un pentágono que fabricó las mejores ocasiones blanquiazules, a las que solo les faltó un buen remate para convertirse en gol.

La más clara la construyeron Carles y Quique en un doble tuya-mía que concluyó en centro raso del mediapunta para que el delantero tratase de rematar con su pierna buena, la extremidad equivocada. A un par de metros de la línea de gol, el balón llegaba perfecto para ser impulsado a la red con la derecha, pero el 7 quiso poner la izquierda y el cuero pasó de largo.

Diez minutos más tarde, Gil lo hizo todo sin socio: caño, y aguante firme frente a la tarascada, para poner el balón en el punto de penalti, donde llegó de nuevo Quique para chutar demasiado centrado.

De por medio, la tuvo Carlos, incapaz de alcanzar (por centímetros) un envío fuerte y raso de Didier, convertido en extremo. Al colombiano le vino bien la falta de profundidad de Bóveda. Todo lo contrario a lo sucedido en la otra banda, donde Saúl subió con frecuencia, obligando a Expósito a centrar su posición en auxilio de un participativo Mosquera. De una incorporación del carrilero cántabro había salido la primera ocasión visitante, con un centro rechazado en el que Carlos cabeceó aprovechando el titubeo de Basilio, quien luego se rehízo bajo palos.

Entre las ocasiones del Dépor se colaron las de un Rayo cuyo empuje inicial se fue diluyendo hasta quedarse con los contragolpes como único recurso. Las transiciones rápidas provocaron varias veces los dos contra dos con Somma como víctima. El italiano vio la amarilla por un agarrón y pasó mucho tiempo al filo de la segunda. No flojeó la zaga con él en la plaza Domingos, pero eso no hizo que Dani Giménez tuviera una mañana tranquila.

Intervenciones de Giménez

El portero volvió a resultar clave y tuvo que volar dos veces. Una cuando se acababa el primer tiempo, cazando junto a la base del palo, a su izquierda, un cabezazo picado de Toni Martínez, y otra ya a la hora de encuentro para sacar de la escuadra el perfecto disparo de Aitor García.

En la segunda parte se reprodujo el intercambio de golpes de la primera. Empezaron los visitantes. Bóveda cabeceó fuera por poco un saque de falta de Carles, más apagado tras el descanso, y Expósito chutó a las manos de Basilio tras irrumpir en el área libre de marca. Fue justo antes de la reseñada ocasión de Aitor y de la mejor del encuentro para el Rayo, que aprovechó la lectura de Iriondo de la estrategia defensiva de Natxo, convirtiendo en penalti córner más propio del hockey hierba cada acción a balón parado.

Casi todos los envíos llegaron sin problema a la frontal del área coruñesa, donde fue Iza Carcelén el encargado de castigar la línea de contención visitante, plantada bajo palos. El primer intento claro del centrocampista lo tocó Ruibal hacia el lateral de la red. El segundo fue un centro que prolongó Galán, enviándolo al larguero ya en el último tramo del choque.

Un desenlace repleto de cambios en los onces y al que no faltaron ocasiones. Dos tuvo Borja Valle, sustituto del lesionado Carlos Fernández. Remató fuera por un pelo el centro raso de Quique y marcó después en otro de Saúl, pero estaba en fuera de juego.

No hubo premio para las buenas intenciones del Deportivo, que acabó plantando defensa de cinco, ni lo tuvieron tampoco las del Rayo. Al menos entre ambos brindaron un buen espectáculo entre la niebla del Cerro.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
2 votos
Comentarios

La niebla esconde las redes del Cerro