Buena intención, discreto beneficio


El Dépor tiene varios registros, Natxo González trabaja el pragmatismo, en la sala de prensa y en el banquillo. Ya no se trata de que el Cerro del Espino fuera una ratonera, que no lo era, o que el rival, como recién ascendido, se prestara al juego rudo y directo, que tampoco. Cuatro cambios -otra vez-, tres de ellos obligados, y la entrada de Didier Moreno, una aparente intención de oponer músculo a un rival que se esperaba que apretara al abrigo de los suyos. Poco que ver con la realidad.

Ni el Rayo Majadahonda es un modesto que se aferra al sudor ni el Dépor renunció a nada, ni siquiera cuando perdió el control del juego después de que Iriondo, ambicioso, deshiciera el planteamiento inicial de la línea de cinco atrás. El conjunto coruñés sufrió más que nunca en el balón parado, aunque, eso sí, en esa suerte, la estadística le sigue dando la razón al técnico blanquiazul. No encaja y genera ansiedad en el rival, tanta al menos como la que provocó en la afición deportivista la falta con la que se cerró el partido.

No ha resuelto el Dépor todas las dudas que ha presentado lejos de Riazor, pero sí mostró una mejor disposición y más intención que en Almería o Córdoba, aunque con un escaso beneficio: dispuso de ocasiones, propuso una nueva disposición táctica -tres centrales- tras la lesión de Expósito, de nuevo ¡cómo no! Dani Giménez ofreció un buen ramillete de paradas y somete a otra prueba la profundidad de una plantilla que perdió a Carlos Fernández y a Expósito por problemas físicos antes del final. Un punto para no perder la cabeza y la posibilidad de dar un paso adelante con los dos próximos compromisos en Riazor.

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