El Deportivo visitará un campo diferente en Majadahonda

El equipo blanquiazul visitará al modesto club madrileño en el estreno en Segunda del Cerro del Espino, de dimensiones mayores que Riazor, pero instalaciones de un terreno de entrenamiento


«Como el del Alcorcón, pero en plan cutre». La frase se repite entre los técnicos del Deportivo y de otros clubes gallegos que han visitado en los últimos tiempos el Cerro del Espino, el campo en el que el Majadahonda ascendió la pasada temporada a Segunda, pero que no había podido estrenar en este curso. Quizá sea una advertencia, porque todos saben que la única derrota deportivista llegó en aquel choque de Santo Domingo. Ahora, después de quince jornadas y tras jugar como local en el Metropolitano, el moderno y recién construido estadio del Atlético de Madrid, llega la hora del regreso a casa justo para recibir al equipo coruñés, que conoce de primera mano las bondades y defectos del terreno de juego al que saltará el domingo (12.00 horas, LaLiga 123). El Fabril acaba de visitar allí al filial atlético, que junto al equipo femenino de Primera División también disputa en este campo sus partidos.

Inscrito en la ciudad deportiva del Atlético de Madrid, el Majadahonda juega allí en virtud del convenio mediante el que el club rojiblanco levantó sus instalaciones en este municipio del noroeste de Madrid a cambio de ceder su terreno de juego principal al equipo de la localidad. Nadie se imaginaba entonces que este iba a llegar a la categoría de plata del fútbol español, pero el ascenso supuso que tuviera que mejorar las instalaciones. Amplió el aforo hasta los 3.000 espectadores y reforzó la seguridad para los aficionados, que antes entraban y salían por una única puerta.

Más grande que Riazor

Quienes pasaron por allí el pasado fin de semana y en estos primeros meses de campaña pocos cambios más han apreciado. El terreno de juego sigue siendo grande y amplio (106 metros por 70, aseguran), incluso mayor que el de Riazor (105 por 68) y está bien cuidado, pero no parece propio de un campo de fútbol profesional. «No es San Lázaro», argumentan desde la secretaría técnica de un club gallego, «ni Las Gaunas, o El Sardinero». Las gradas, todavía en obras, no están techadas y, como en el vecino Santo Domingo de Alcorcón, se encuentran muy cercanas a las líneas del campo. «Del saque de banda a la valla hay muy poco espacio y eso influye a la hora de correr, porque frenas antes ?reconoce el fabrilista Uxío?, pero en lo que más influye al futbolista es en el aspecto mental, de ver el campo muy grande, que no termina. En Abegondo, antes de tener la grada supletoria, pasaba lo mismo. Venía aquí y veía un campo enorme, ya estaba pensando que se me iba a hacer eterno el partido. Si es más cerrado, estás más a gusto», añade el delantero.

Incomodidades

No era la primera vez que Uxío visitaba el Cerro del Espino. «Fuimos dos veces el año pasado y la instalación estaba mejor, no había obras, pero el campo estaba peor, más pesadete. La semana pasada fuimos allí, el césped está perfecto, se puede jugar al fútbol perfectamente, pero la instalación se queda un poco corta. No deja de ser un campo de entrenamiento en obras. Ninguna grada está techada, antes en una había un toldito, pero ahora no. Entiendo que para el aficionado o para el periodista que va allí a trabajar les va a resultar incómodo», añade el futbolista, antes de insistir en que está convencido de que el Deportivo conseguirá allí un buen resultado: «Que no se coma la cabeza con el campo. Que siga afrontando los partidos como lo hace, esa es la clave».

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