El gran pagano de una horrorosa temporada

Rubén, portero del descenso del Dépor, regresará a Riazor con el Osasuna


A Coruña

Rubén sigue siendo Rubén en el Osasuna, próximo rival deportivista, donde solo sus mejores chispazos de rendimiento han diluido las críticas por un fichaje discutido y hasta por la decidida titularidad de que está disfrutando. En pleno debate por las escasas oportunidades brindadas por el club de Pamplona a sus canteranos, firmó el pasado verano por una campaña mientras se recupera el titular Sergio Herrera, a quien se espera de alta en diciembre tras una larga recuperación de la rotura del ligamento cruzado. Como había sucedido en A Coruña, el portero (Coristanco, 1984) comenzó la temporada en la enfermería, lo que dio alas al del filial Juan Pérez, pero desde que se resituó bajo palos en la tercera jornada nada ni nadie lo ha podido quitar.

Los vaivenes del equipo del Sadar hasta la séptima plaza (a cinco puntos del Dépor) se han visto salpicados por la irregularidad del meta, capaz de disparar los elogios en una acción y los juramentos a la siguiente. Como contra el Numancia (0-0), cuando cometió penalti tras perder el balón al bloquear un disparo lejano, pero luego detuvo el lanzamiento. Los paradones y los errores siguen convertidos en su particular montaña rusa, aunque en la última jornada (2-0 al Tenerife) se quedó con aquellos cuando en el mano a mano cerró todos los huecos a Naranjo y evitó que el contrario se adelantase justo antes del primer gol navarro.

Después de tres victorias consecutivas, el Osasuna visitará Riazor el sábado (18.00 horas, Partidazo) con el meta (y, en realidad, todo su equipo) alejados del debate. Serio y profesional, como cuando llevaba en el pecho el escudo deportivista, nunca abandona su apabullante tranquilidad exterior. Ni en los momentos de sol, ni en los de lluvia, como en A Coruña, donde todo le salió al revés.

Volvía a casa dos décadas después de saltar con 13 años del Orillamar a La Masía, y tras dos temporadas aciagas finalizadas con sendos descensos. Se repitió el desenlace en el Deportivo, que primero lo cedió al Anderlecht (gran actuación contra el Manchester United) y luego le entregó una portería que olía a chamusquina. El nefasto final colectivo del descenso borra de la mente paradas de mérito y se queda con los errores, algunos groseros para un veterano con más de cien partidos en Primera. Ahora es intrascendente el afán con que la afición rogaba que se recuperase de una lesión para evitar el carrusel de tytones y pantilimones. Al final, la negra sombra que asoló al Dépor también lo arrastró y la portería se convirtió en la pagana de una temporada horrorosa, la que Rubén quiere borrar en el Osasuna.

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