Estrategia, convicción y eficacia del Deportivo


Una nueva prueba. Por primera vez en la temporada visitó Riazor un rival, aparentemente, sin complejos, dispuesto a ponérselo difícil a un conjunto que ni regala el balón ni pasa apuros al abrigo de los suyos. Y, por lo visto, el equipo de Natxo González está también preparado para este tipo de pruebas. Aguantó el chaparrón inicial, no perdió la calma y golpeó a su rival con la estrategia, esa suerte a la que también se ha apuntado en las últimas jornadas. Después llegaría la eficacia.

El heterodoxo Dépor a la hora de defender el balón parado no encaja en la estrategia y es capaz de sumar puntos gracias a su buen uso. Así abrió el partido, con la estrategia y la tranquilidad que transmite el saber lo que tiene que hacer en cada momento. Cree tanto el Dépor en lo que hace que no cambia de marcha ni cuando se siente apurado o presionado por su rival. Apretó el Oviedo, que creía haber llegado a Riazor con la lección aprendida, con los tres centrales, un medio del campo abierto y poblado y la consigna de presionar la salida de balón blanquiazul. Un buen plan para un mal resultado, roto por la eficacia de un Dépor que comienza a necesitar muy poco para llevarse los puntos: a imagen de los equipos que tradicionalmente marcan el ritmo en Segunda, saca provecho de las debilidades ajenas.

El Dépor tiene oficio, cada vez maneja mejor los partidos y ahora, además, comienza a ser letal arriba, a dominar las dos áreas, la propia con dos centrales crecidos en la confianza y la ajena con un par de delanteros en estado de gracia. Este sábado, por fin, vivió un tramo final tranquilo, con cambios que tuvieron más que ver con el futuro que con lo que se veía en el campo. Buena señal.

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