Pablo Marí: «He aprendido a no llevar el trabajo a casa, en el fútbol es dificilísimo»

El joven zaguero está feliz de formar parte del Dépor y de su propuesta en el campo: «Jugamos muy bien»


Donde acaba la escalera que sube desde los vestuarios de Abegondo, justo antes de entrar al área de despachos, escondido en una esquina, hay un radiador. Ahí, a resguardo del frío y la lluvia que son tópicos abegondianos sucede la entrevista a Pablo Marí (Almusafes, 1993). Por delante pasa Dani Giménez, que bromea con el central: «Cuéntale, cuéntale lo de la apuesta».

-Ahora me lo tiene que contar.

-Pues nada, que hemos apostado a ver quien acaba con menos pliegue de grasa.

-¿Y quién va ganando?

-Obviamente, yo.

-¿Se preocupa mucho por ese aspecto?

-Pues mira, en año y medio, desde que me fui de Girona, perdí doce kilos. Eso ha hecho que me encuentre mejor en el terreno de juego, que sea más rápido y más ágil, que me mueva más fácil. Estar en tu nivel más bajo de grasa y peso hace que puedas reaccionar mejor ante las cosas. Cuanto más te cuides, mayor rendimiento vas a tener.

-¿No hay riesgo de obsesionarse?

-Sí, claro. Llegó un punto en Girona en que se convirtió en una obsesión bajar todo lo que pudiera, estar muy muy bajo de todo, y al final eso en salud tampoco es bueno. Hay que disfrutar un poco de la vida y ser feliz, encontrar un punto en el que puedas rendir muy alto sin dejar de ser feliz por el otro lado. Obsesionarte con una dieta no ayuda.

-Aquel de Girona fue un año difícil, menos mal que se fue a Holanda.

-Eso fue un punto de inflexión. Una decisión que tomé con mi mujer de ir para adelante con todo. A día de hoy puedo decir que nos ha salido muy bien y estoy muy orgulloso de haber ido allí.

-¿Qué se trajo de vuelta?

-Supuso un paso más adelante en cuanto a madurez, templanza, dejar atrás esa etapa de ser un niño y curtirte como un hombre dentro y fuera del campo. Ya en Girona había dado un salto en lo personal, pero en Holanda había que lidiar con mucha gente joven, que era el 80% del equipo, y asumir el papel de veterano. En partidos complicados la situación se puso complicada y fue un aprendizaje en ese sentido. Ahora soy un futbolista más profesional, y como persona soy mejor pareja. Es mi primer año como padre e intento hacerlo lo mejor posible. En el aspecto deportivo, tener eso en casa me da tranquilidad, hace que no le dé importante a cosas que no la tienen y sobre todo hago algo muy importante en el fútbol: preocuparme solo de lo que esté en mis manos. Si hay que entrenar, entrenar duro, y si hay que jugar, darlo todo.

-¿Cómo es ser futbolista lejos del césped?

-Hace poco que he aprendido que el trabajo se queda en el trabajo, a no llevarme nada a casa, y eso en el fútbol es dificilísimo. He aprendido que cuando entro por la puerta se trata de disfrutar de mi familia. Cuando algo me afecta lo hablo con mi mujer, pero en casa trato de olvidarme de todo. Está claro que este es un trabajo público y que todo el mundo se cree con derecho a opinar de él, pero lo importante es generar un entorno que ayude, formado por gente que no añada presión. Me ha costado, pero el punto de madurez que he conseguido estos dos años me ha ayudado a lograrlo.

-¿Y ser futbolista en el Dépor?

-Venir a esta ciudad a jugar me hace dar otro salto más. El verme en un estadio como el del Dépor, un campo histórico, y sentir que no me pongo nervioso, que hay 20.000 personas detrás cada semana, que las responsabilidades de casa no me afectan en un campo de fútbol... Me voy haciendo mayor, madurando.

-¿Le gusta a lo que juega su equipo?

-Mucho. Jugamos muy bien al fútbol. Un fútbol vistoso, de toque, bonito. Habrá partidos más trabados, pero nos movemos a partir de la pelota y nuestro sistema está hecho para llevar el control del balón y del partido. Tendremos que sufrir en algunos momentos, pero esta propuesta trata de sufrir lo menos posible. Estoy muy contento con el fútbol que proponemos.

«Somos gente muy humilde, mucha gente de pueblo que viene a trabajar»

Marí no acaba de estar satisfecho con el resultado obtenido en Las Palmas. «Nos podíamos haber traído los tres puntos. La segunda parte fue la típica de un partido de Segunda, pero en la Primera teníamos que haber matado el partido, ellos no sabían ni lo que hacer», lamenta.

-Pues parecían bien felices con el gol. Se repitieron esas imágenes de piña que tanto escaseaban por aquí.

-En este vestuario somos gente muy humilde, de casa, mucha gente de pueblo, normal y corriente, que viene a trabajar. Cuando se hace un grupo así siempre se crea buen ambiente, todos saben que habrá momentos en los que puedan aportar cosas y otros en que no, pero que el equipo te necesita. La calidad humana de este vestuario es muy grande.

-En Holanda fue capitán a los 24, ¿qué da realmente el brazalete?

-El capitán tiene que ser una figura que cree respeto. Hablamos de gente con trayectoria, que han vivido muchas más cosas que el resto de personas del vestuario y ese es el rol que le dan los demás jugadores. Depositas una confianza en alguien a quien tienes que respetar. La capitanía tiene que llevarse con normalidad, asumir el don de la responsabilidad que te ha dado el resto dentro y fuera del campo.

-El equipo está intratable en casa y el sábado viene un Oviedo sin Berjón, su jugador más destacado. ¿La ausencia tranquiliza?

-Es un futbolista que te marca la diferencia en cualquier momento del partido y si un jugador así no está en el campo, mejor.

-En este Dépor es difícil señalar a un solo jugador franquicia. Hay varios a alto nivel.

-Tenemos una plantilla en la que cualquiera puede jugar, 25 futbolista con los que no baja el nivel del equipo independientemente de las bajas que haya.Tener una plantilla tan amplia y que todos en ella sean muy buenos es un punto a favor nuestro muy importante.

-Entre esos futbolistas que parecen de otra categoría está Domingos, su compañero en el dúo de centrales.

-Lo digo cada semana: es un grandísimo central. Un central muy joven que tiene mucho que aprender, pero son cosas que te dan los años, porque ya hay otras innatas en él, que le dan una gran ventaja, como esa templanza para actuar bajo estrés. Jugar a su lado te da tranquilidad, aunque en ciertos momentos le tenga que meter con la aguja para que no se me duerma.

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