Al Deportivo le dio vida un calentón. De su séptima expulsión del curso sacó un empate. Los minutos perdidos en el duelo verbal entre Tapia y Jiménez (un clásico del fútbol de baja escuela) se tradujeron en cinco de descuento. En el último sacó la cabeza Domingos Duarte y cerró en tablas una cita fundamental para consolidar la fórmula de Natxo.

Sostuvo el míster el frente de ataque, apostando por la querencia al área de Pedro Sánchez, y este le pagó a balón parado. Un envío perfecto del jornalero de Aspe dejó el gol servido a Carlos Fernández. El punta cabeceó solo, a tres metros de portería, pero remató picando el balón en exceso y este salió rebotado hasta la escuadra. Fue el último acto de la fenomenal puesta en escena del Deportivo. Veinte minutos casi inmaculados de los coruñeses, que encerraron al anfitrión en torno a su meta. La rácana propuesta del Las Palmas se achicó aún más frente al hambre blanquiazul, propagada por un infiltrado en la línea de medios. Vicente salió a su estadio exigiendo el cuero y lo domó con soltura para activar delanteros y lanzar varias veces a Saúl, negado ayer en el centro al área. Su mejor envío murió de inmediato en el brazo de Ruiz de Galarreta, provocando la infracción que Pedro Sánchez quiso transformar en asistencia. Antes había sido el extremo alicantino, metido por necesidad a mediapunta, quien estrenó al cuarto de hora la estadística de disparos a puerta con un chut desde la frontal que desvió a córner Raúl Fernández.

La inspiración duró lo suficiente para que la hinchada local extendiera a los excompañeros de David Simón los pitos que empezó dedicando al lateral diestro en su regreso al estadio de Gran Canaria. El descontento de la grada espabiló a los futbolistas amarillos, que se animaron a cruzar la medular e incluso probaron a tirar. Javi Castellano mandó alta la pelota en un ensayo desde lejos. No iban a necesitar acercarse a Dani Giménez los jugadores del Las Palmas. En la desprotegida frontal coruñesa encontraron espacio para armar la pierna. Especialmente, tras el descanso.

Otro partido al volver al campo

Mientras ambos equipos pasaban por vestuarios, el decorado cambió definitivamente. Por el túnel salió Tana en vez de Rubén Castro y a los tres minutos de la reanudación, el enganche recibió el balón en un saque de banda y lo amansó para Ruiz de Galarreta, que chutó con violencia. Larguerazo y red. 1-0.

Severo castigo a las lagunas del Dépor. Escasas pero fatales. Problemas, por ejemplo, en el inicio de jugada, con excesivo protagonismo de Bergantiños. El de la Sagrada se multiplicó para lo bueno, con varias intervenciones defensivas, y lo malo, siempre asociado a las fases de posesión de la pelota, con la que estuvo muy impreciso. Tanto como Saúl, que pagó con el banquillo su larga serie de centros a nadie.

Al cántabro lo reemplazó Caballo para la previsible carga del conjunto en desventaja. Un asedio precipitado, durante el que los coruñeses olvidaron sus señas. Expósito asomó a cuentagotas y la banda derecha quedó prácticamente inutilizada. Desde la izquierda no llegaron mejores servicios con el relevo. Natxo lo probó todo a través de Tapia. Envió al césped a Christian Santos primero y a Carles Gil más tarde, pero el Dépor se sostuvo en las cabriolas de Carlos Fernández y el empuje de Quique González. Escaso recurso frente al orden canario.

La tensión apagó las luces y alcanzó a los banquillos, con expulsión del segundo entrenador visitante. Tapia tuvo que seguir de lejos las peligrosas contras del Las Palmas, que se recreó sin matar, y las ocasiones blanquiazules, muchas y poco claras. Hasta el octavo córner, en el 95. Carles encontró por fin la puntería, Quique metió la cabeza y Domingos cazó el milagro.

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