La tranquilidad de tener un central de categoría superior

El mejor jugador del plantel coruñés en el arranque de curso anuló a Djurjevic, el fichaje más caro de la temporada en Segunda


Hasta el 20 de agosto, el Dépor tenía en su plantel al futbolista más caro del verano en Segunda. 1,7 millones pagó por Quique González, aprovechando la quincena fantástica en la cláusula del delantero del Osasuna (dos semanas, en las que la rescisión del ariete salía por la tercera parte de su precio original). Iniciada ya la competición, el Sporting rompió el techo y realizó el mayor desembolso de su historia: 2,5 millones, que podrían crecer en función de distintas variables, por un punta con pedigrí. Uros Djurjevic solo tiene 24 años, pero ha marcado ya en las ligas serbia, holandesa, italiana y griega. Hace dos campañas, enrolado en el Partizán, hizo 28 goles que valieron por una convocatoria con su selección. Cita que no se repitió en el reciente parón. El ariete balcánico viajó a las órdenes de Baraja a Riazor, aunque pocos en el estadio se percatasen de su presencia.

Formó incluso en el once y ahí se mantuvo en el durante 72 minutos. Hora y cuarto sufriendo. Tres antes de que los rojiblancos se quedasen con diez, Djurjevic recibió el cambio de gracia y se alejó por fin de Domingos Duarte.

El central portugués secó a la estrella rival con una discreción que solo magnifica la hazaña. Sin brusquedad, sin darle un respiro ni permitirle tocar el balón, sin cometer una sola falta en todo el encuentro, ni con el serbio en el campo ni sin él. Sí provocó un par. La primera, en el minuto 63 le valió una amarilla a Nacho Méndez. La segunda, en el 75, provocó la expulsión de Cofie. El ghanés cometió la infracción a un metro de su área, como último recurso frente al imparable avance de Domingos, tan sobrado en la contención y el inicio de jugada que se permitió romper en solitario las cerradas líneas del rival. No marcó, como en la primera jornada, pero su acción descosió a un Sporting impermeable y propició el desenlace feliz.

Final con premio a balón parado en una acción bastante más limpia que la del 0-1 del Carlos Belmonte, donde el zaguero de Cascais cazó el balón devuelto por el palo y lo envió de un zurdazo a la red. Con la mala, sin vacilar. Con la serenidad que exhibe en cada acción. «Es un jugador tranquilo, que transmite paz», había anunciado otro Domingos, Paciencia, cuando su tocayo recaló en el Dépor. Clavó la radiografía el exentrenador blanquiazul.

La eterna Segunda española alcanza los 42 encuentros, playoff aparte, y solo van cuatro en el contador, pero Duarte ya ha demostrado por qué el Sporting de Portugal, propietario de su pase, se negó a incluir una opción de compra en el contrato de cesión. Tampoco la disfrutaron en el Os Belenenses ni en el Chaves, para los que el central disputó 64 duelos y anotó un solo gol. En el Dépor lleva otro. Le valió de carta de presentación.

La pareja perfecta también abre latas

X. Fernández

Le costó hacerse con la titularidad, pero frente al Sporting demostró mezclar bien con Duarte, tener buen remate y salida de balón

Esta vez el brazalete le fue esquivo a Pablo Marí. Entre tanto veterano y jugador de la casa, el proceso de selección de capitanes no reparó en la figura de quien la campaña pasada representó al plantel del NAC holandés. En solo tres semanas convenció a los futbolistas del conjunto de Breda, que optaron por un jugador a préstamo como portavoz. Quizá vieron lo mismo que Iago Bouzón, con quien compartió zaga en el Nástic, el club en el que brilló hasta el punto de llamar la atención en Mánchester y fichar por el City. «Era de las personas que pese a su juventud más sumaba en el vestuario», contaba el gallego a principios de julio, saludando el fichaje de su excompañero por el Deportivo. Llegaba a Riazor un central zurdo, pierna proscrita en el eje de la zaga desde que Juanma cambió A Coruña por Tenerife, hace más de diez años. Un plus en el inicio de jugada a ras de suelo, suerte en la que destaca el valenciano y brilla Domingos Duarte unos metros a su derecha. El juego de transición al toque de Natxo tiene por donde empezar.

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