Dagoberto Mol: «Para llegar a A Coruña tuve que coger un barco, 7 aviones y un tren»

Uno de los primeros uruguayos en recalar en el Deportivo cuenta sus primeros años como blanquiazul


Setenta años después de iniciar su aventura blanquiazul, Dagoberto Moll (Montevideo, 1927) recuerda lo dura que fue su llegada al Deportivo. Tanto por el tiempo que le costó hacer el viaje Montevideo-A Coruña, como por la adaptación al fútbol español. Siete décadas después sigue en la capital herculina, en donde a sus 91 años no deja de pasarse cada mañana por La Solana para hacer algo de deporte. Pero no todo fue así. Sus inicios fueron complicados tal y como recuerda ahora.

-¿Cómo fue su llegada al Dépor?

-Pues he de decirle que surgió de casualidad. Alejandro Scopelli, entonces entrenador del Deportivo, era muy amigo de un gran periodista uruguayo, Ulises Badano. Así que un día le pidió que le asesorara para fichar a algún futbolista de su país. Me propuso, me comentó que había esa posibilidad y aquí estoy.

-Alguna vez ha comentado que el viaje no fue fácil.

-Pues no. Más bien todo lo contrario. Hasta llegar a A Coruña tuve que coger un barco, siete aviones y un tren.

-¿Exagera?

-No, no. Me quedo corto, porque me falta el coche que me condujo desde Betanzos hasta aquí. Le cuento, en aquellos momentos no había aviones de largo recorrido. Y, si los había, no se utilizaban demasiado. Me llevó más de dos días. Tomé un barco en Montevideo hasta Buenos Aires. Allí me subí al primer avión. Llegué a São Paulo y tomé otro vuelo a Río de Janeiro, antes justo de embarcar hacia Natal. La siguiente escala fue en África, en donde cogí otro avión que me llevó a una isla, no recuerdo ahora el nombre. Al pasar el ecuador recuerdo que hicieron una especie de fiesta. De ahí a Portugal, para subirme al último avión, el que me dejó en Madrid. En la capital de España tomé un tren para venirme a Betanzos, en donde me esperaban Scopelli y Daniel Chaver, presidente del Deportivo. Tras comer en La Casilla, me vine con ellos en coche a A Coruña. Ya le digo que fue toda una odisea.

-¿Qué sabía de A Coruña?

-Prácticamente nada. Cuando salió en la prensa que había fichado por el Deportivo, vinieron a verme dos emigrantes que residían en Montevideo. Contactaron conmigo y me contaron cómo era la ciudad. Pero nada más. Curiosamente, a ambos, que no conocía de nada, volví a verlos años después paseando por A Coruña. Habían regresado.

-En aquel momento no había muchos extranjeros.

-Creo que solo podíamos jugar dos cada partido. Eso en la Liga, porque en la Copa no estaba permitido alinear extranjeros. De hecho, al principio yo no pude jugarla.

«Lo que más me costó fue adaptarme a jugar lloviendo. Me dieron muchos palos»

Más allá del largo viaje, Moll tuvo una difícil adaptación al fútbol español. Y no porque los sistemas fueran diferentes, sino por las condiciones en las que se jugaba y el estado de los terrenos de juego. Eso le costó muchas críticas.

-¿Cómo fue su adaptación?

-Difícil. Muy difícil. Venía acostumbrado a que en América, cuando llovía, no se jugaba. Y aquí resulta que se jugaba hiciera el tiempo que hiciera. Y cuando caía fuerte pues en todo el norte se formaban auténticos barrizales sobre los que había que ejercitarse. Por encima, yo venía sin botas adecuadas. Las que utilizaban aquí eran verdaderos zuecos, mientras que las mías eran para campos secos. Así que cada poco tiempo tenía que llevarlas al zapatero para que me las preparara.

-Pero con la gente bien, ¿no?

-Hombre, bien, bien, no. Dese cuenta de que yo no era capaz de jugar bien en esos campos y la gente me ponía a caer de un burro. Sobre todo los periodistas. Me dieron muchos palos. Venía acostumbrado de allá, a que el medio volante se la ponía al volante en el pie, pero aquí no era así, te la daban a un metro. Y en ese barrizal, casi nunca llegaba. Luego ya mejoró la cosa, porque vinieron Oswaldo o Corcuera; con Franco, Tino y yo pues nos la dábamos al pie y jugábamos bien.

-Después de usted llegaron 20 uruguayos más. ¿Le llamó alguno para pedirle consejo?

-Esos no. Sin embargo, sí que durante algún tiempo me llamaban jugadores que querían venir al Deportivo para que yo los recomendara. E intercedí por alguno de ellos, que eran buenos, pero aquí no los llegaron a fichar. Alguno fue incluso internacional.

Anecdotario

El padre del céltico Brais Méndez debutó como blanquiazul en una huelga

Modesto Rafael Méndez Delgado es uno de los setecientos cincuenta futbolistas que han militado en el Deportivo desde el ascenso a Primera en 1941. Nacido en Vigo, la vinculación de Pupi (así se le conocía) con el club coruñés no fue excesiva, pero sí que llegó a defender la blanquiazul en un partido. Fue el 9 de septiembre de 1984. Aquel partido en Riazor contra el Tenerife (2-2) no tendría mayor historia, si no fuera porque se disputó durante el transcurso de la huelga de futbolistas. Por este motivo, actuaron los juveniles y los del filial. El Dépor formó con Joaquín, Enri, Juanito, Suso, Chechu, Pozas, Fisquelas, Ramón II, Pupi, Castreje y Andrés. Jugando también Chema y Fachal, a los que Arsenio Iglesias daría minutos en la segunda parte.

Pupi no consiguió triunfar en A Coruña, pero sí disfruta ahora del éxito de su hijo. Aquel efímero deportivista es el padre de Brais Méndez, el joven jugador del Celta de Vigo, que el año pasado logró hacerse un hueco en el primer equipo.

Tarjetas

Lopo, el futbolista con más tarjetas amarillas. El futbolista con más tarjetas amarillas desde que el Deportivo debutó en Primera División nació en Barcelona y responde al nombre de Alberto Lopo. El central fue amonestado en 74 ocasiones y expulsado cuatro. De cerca lo sigue el brasileño Mauro Silva, con 70 amarillas y 6 rojas. Si Lopo es el más tarjeteado, Nourredine Naybet es el que más cartulinas rojas ha visto a lo largo de la historia. En siete ocasiones enfiló el camino de los vestuarios antes de tiempo.

Pioneros

Acento inglés en los primeros años del club coruñés. Juan Long, capitán de la Sala Calvet, era gijonés pero de ascendencia británica. Es más, nunca renunció a su pasaporte del Reino Unido. Luego llegó Alex H. White, que puede considerarse el primer extranjero genuino del club. Y en el año 1909 desembarcaron en Ferrol Bacon, Butcher, Campbell y Johnson, cuatro ingleses que acabarían jugando en el Deportivo. El primer no nacido en España que jugó en Primera División fue Reboredo, que aunque vio la luz en Buenos Aires se había criado en A Coruña. De este modo, el que sí se puede considerar primer extranjero que vistió de blanquiazul en Primera fue el cubano Muntaner, también en 1941, como Reboredo.

Conexión canaria

Hilario Marrero abrió el camino. Hace tiempo que se viene asociando al Deportivo con Canarias. Desde que Manuel Pablo llegó en el año 1998, nueve futbolistas de esta comunidad aterrizaron en A Coruña. Pero el camino lo había abierto Hilario en 1941.

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