Buenos principios y el vicio de echarse atrás


Algo se agradece de este Deportivo de Segunda. La canción del verano del compromiso y las ganas de vestir la blanquiazul por ahora se notan en el campo. No parecen jugar futbolistas de vuelta de todo. Aquí nadie se esconde. El equipo asume con naturalidad el peso de los partidos, también que los rivales le regalen el balón incluso como visitante y hasta las patadas. En el Francisco de la Hera, como en el Carlos Belmonte, se encontró un rival arropadito y guerrillero. Y el Deportivo enseña en el inicio de campeonato algo parecido a un plan (al que le queda mucho por perfeccionar). Si en Albacete su propuesta de posesión tuvo algo de tramposa, porque por momentos pareció olvidarse de que había porterías, esta vez pareció mirar algo más hacia el arco contrario mientras se jugó con 0-0.

Porque tiene claroscuros el Dépor. La intensidad, las ganas y la capacidad para fabricar centros de Caballo lo sitúan entre las buenas noticias del inicio de temporada. También se agradece el talento de Vicente Gómez en un centro del campo donde tantas veces se abusó en los últimos tiempos del pase hacia atrás y de compromiso. Y Bergantiños, por su oficio para manejarse en Segunda, resulta indiscutible. Pero al mismo tiempo el Deportivo repitió en Almendralejo el vicio de echarse atrás con el marcador a favor y se encontró otra vez con un equipo menor generándole bastante más peligro a través de la posesión que con el arma inicial del contraataque. Porque no es lo mismo arroparse como una manera de apagar las luces del rival, que colgarse del larguero a ver qué pasa. Así acabó el equipo de Natxo González, como un equipo pequeño que casi no se acordaba de cuándo había ganado por última vez.

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