Tino cruza la línea roja

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Tino Fernández tuvo un respaldo accionarial extraordinario, pero la realidad es que vive en un momento de debilidad extrema al frente del Deportivo y se está notando en su forma de gobernar. La presión a la que le está sometiendo un expresidente zombi, unido al descenso deportivo y a una política de comunicación errática que le puso a él directamente en la diana; y a una campaña de abonos que está limitando el número de altas, le tienen preocupado. Y asustado.

Desde hace días se veía venir. No recurrirá el archivo de la causa por delitos societarios en el Deportivo y pondrá un lacito a la impunidad de Lendoiro. Un acto de traición al propio Deportivo y un acto de validación de un modo de gestión basado en la trampa, el nepotismo y la inmoralidad, algo increíble en un empresario de éxito que presume de buenas praxis empresariales, económicas y éticas.

Con su decisión de bendecir a Lendoiro ha cruzado la línea roja de la decencia. No se puede decir un día que el Deportivo está pagando millones de euros por las trampas de Lendoiro y ahora asegurar que hay que cerrar este caso y «abrir una nueva etapa en positivo». O sí, siempre que él y su consejo estén dispuestos a poner de su bolsillo esos millones que dice que están pagando de más. Pero no lo van a hacer. Y eso no es velar por el bien de la institución, sino equivocadamente por el bien propio. Tino podía decidir con qué grupo pasar a la historia, con el de quienes en este país han dicho basta a la corrupción y han apostado por la regeneración o con quienes siempre se han sentido cómodos echando la vista a un lado mientras España era saqueada. Ayer informó de su decisión a través de un comunicado.

Tino Fernández no solo ha descendido a Segunda División. Ahora, ha descendido a Tercera en lo que a valores se refiere.

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