Que cada palo aguante su vela


Gracias a la fiscalía y a su curiosa e incompleta interpretación de lo sucedido, Lendoiro puede celebrar que de momento no será acusado de ilícitos penales. Y así hay que aceptarlo, porque tenemos un sistema en el que delincuentes, pillos y tramposos se nos escurren de entre las manos como el pescado fresco.

En el caso de Lendoiro, la clave de todo está en el más que cuestionable argumento del fiscal de que ni se benefició personalmente de sus trampas -que hizo trampas no lo discute ni el propio ministerio público- ni perjudicó al club (según los actuales gestores, el Deportivo está pagando millones de euros por las citadas trampas).

Técnica o legalmente el asunto puede quedar archivado, sobre todo si el consejo de administración dimite de su obligación de defender al Deportivo. Si es coherente, recurrirá, no en vano ya dijo por escrito que observó indicios de criminalidad en la actuación del expresidente. Pero delitos o no delitos, difícilmente desaparecerá el borrón en la ficha moral de Lendoiro. Mintió a sabiendas todo el tiempo y cargó contra el que así lo denunció. Gracias a sus trampas contables se mantuvo en el cargo durante años y pudo seguir cobrando su gran sueldo. Y por culpa de sus mentiras, el club acabó al borde del abismo.

Y así hay que contarlo, se le imputen o no delitos, porque el decoro, la ética y la integridad son tan importantes como las leyes. Y en esta historia unos han contado la verdad y la han denunciado, otros se han callado y consentido con cobardía y alguno ha mentido y traicionado al Deportivo. Que cada palo aguante su vela.

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