Demasiado ruido en el Deportivo

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El Deportivo está rodeado de ruido. Ruido con las elecciones, ruido con los abonos, ruido con el nuevo entrenador... Comienza a ser, no solo necesario sino imprescindible, una vuelta a la normalidad, al silencio bien entendido. Que los oportunistas en paracaídas se vayan a sus cuarteles, que los viejos fantasmas asuman que no están ya en una realidad de carne y hueso y que Tino Fernández acabe de encontrarse a sí mismo.

Porque, precisamente, tanto ruido puede hacernos pensar que el presidente está perdido, que no acaba de acertar, o bien con las ideas, o bien con los ideólogos, o con las compañías que frecuenta. Y todo lo bueno que ha hecho puede acabar sepultado por lo malo y por el barullo que ahora mismo enreda a la entidad.

La sensación en los últimos tiempos es que todo es extraño, equívoco o polémico en el club. Desde quien enreda con las elecciones, que lo mismo las pide que las impugna; a quien decide una política de abonos que o es una afrenta a los socios o no ha sido bien explicada. Y si las cosas no se explican bien es como si estuvieran mal hechas.

Y puede que en parte lo que le esté pasando al presidente es que no está sabiendo comunicarse. Y a veces tan importante como tenerlo claro y hacerlo bien es aparentarlo. Y ahora mismo la apariencia es de un club débil y con problemas. Claro que igual no pasa nada y lo que sucede es solo cuestión de ruido, que hay tanto que no permite analizar la realidad como dios manda.

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