Un gran recital colectivo, coronado por el momento dulce de Adrián y la feliz irrupción de Borja Valle, dio al Deportivo una victoria con mayúsculas. El equipo coruñés quizá haya dado en San Mamés el primer paso de la machada que necesita para seguir en Primera. Desde luego, se ganó el derecho a seguir confiando en una permanencia que llegó a Bilbao repleta de interrogantes, pero que salió adornada de ilusión.

Queda que el Levante caiga hoy en su visita al Atlético y que se confirme que la salvación se acerca ahora a cinco puntos más el golaveraje. Los blanquiazules, que encadenan dos triunfos ligueros por primera vez en dos años y medio, desde que en noviembre del 2015 derrotaron al Celta y al Las Palmas consecutivamente, tienen ahora dos partidos más en una sola semana para convencer a todos. Pero la victoria de anoche bien merece devolver las esperanzas a una afición que necesitaba volver a creer. Cuando le abandonaba toda esperanza, el Dépor se reencontró con su mejor fútbol, ese que Çolak diseña, y Adrián y Lucas ejecutan. El tridente de ataque se cenó a un rival raquítico y que no paró de tiritar toda la primera parte.

En sus mejores 45 minutos de la temporada, los coruñeses marcaron dos goles en solo trece minutos. Adrián, bigoleador contra el Málaga, marcó los del más listo de la clase. El primero, tras un error colectivo en un córner botado por Lucas. Schär cabeceó sin oposición de vuelta al corazón del área, por donde apareció el capitán de Seedorf para remachar a la red. Y el segundo, como guinda a una jugada de cuento. Entre Lucas y Krohn armaron el taco para que Borges templase de cabeza y Adrián abriese hueco.

Con el Athletic grogui, solo De Marcos contestó tras una acción de velocidad de Córdoba. El lateral, solo en el área, chutó alto. Y la victoria parcial se pudo convertir en fiesta al descanso, si Lucas hubiese culminado un larguísimo pase de Schär. El coruñés, a la carrera con Íñigo Martínez, vio cómo Kepa desviaba lo suficiente el balón para que este se quedase atrás y la ocasión se desbaratase. El meta del Athletic tuvo que ser expulsado, porque lo tocó con la mano fuera del área.

El segundo período comenzó con dos malas noticias: la marcha de Adrián y el gol de Raúl García. El mediapunta del Athletic, que ni había dicho Jesús hasta entonces, cabeceó a gol un saque de esquina. La sola presencia de Aduriz, recién ingresado, parecía haber despistado a los blanquiazules, que parecían abocados a 45 minutos de sufrimiento.

Pero casi inmediatamente el Deportivo volvió a abrir brecha. Fue otra jugada para las videotecas, esta vez por la izquierda, con Çolak, Luisinho y Lucas amasando el cuero antes de que Borja Valle empujase el centro del siete. Pero el partido no se serenó. Seedorf retiró a Çolak para incluir a Valverde en el centro del campo, donde el Dépor ya jugaba con tres mediocentros, y el Athletic apeló a su fútbol de toda la vida: el centro a la olla. Rubén pifió en el gol olímpico de Susaeta, el del 2-3, pero hay una claro empujón de Raúl García en el primer palo que hasta lanzó fuera del campo a Borja Valle.

El meta se redimió luego, cuando el encuentro ya era un frontón de centros y disparos sobre su meta (hubo ocho córneres de los leones en los 25 últimos minutos) con sendos paradones a remates del mediapunta y de Íñigo Martínez. El deportivismo se comió las uñas en una recta final con final feliz: el del reencuentro con un equipo en el que volver a creer.

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El Deportivo vuelve a creer