Las tres vidas de Pedro Mosquera

El peregrinar del coruñés por el campo retrata el desconcierto del Deportivo


La muerte deportiva del Deportivo venía esta vez escrita en cartones amarillos. El primero lo vio Muntari, que llegó fuera de tiempo y forma para apuntalar lo que se identificó como uno de los grandes males del equipo. Con cinco centrocampistas en plantilla, no había uno al que encargar el trabajo sucio. Le cayó al ghanés, a contrapelo. Porque aunque su fisonomía engañe, Muntari solía ser un tipo fino; más dotado para mover al grupo y romper líneas con pases largos que para amarrarlo por delante de la zaga. Sufrió en la primera punta del rombo en el Montilivi, obligado a recorrer largas distancias para prestar ayuda. Así que entre perseguir a Portu y cazarlo, se decidió por el derribo.

El cartón de Navarro llevaba grabada la impotencia de aquel a quien no le llega el auxilio. Seedorf intentó blindar las bandas, punto fuerte de los dueños del Montilivi, con interiores de mentira, así que su veterano lateral se rindió varias veces a Maffeo; una pesadilla a la que primero pisoteó a traición y luego abofeteó en pleno salto.

La tercera amarilla estaba esperando a Albentosa desde que arrancó el partido. Demasiado aparatoso para un duelo de múltiples refriegas. Encuentro de balón largo, suerte que el alicantino ejecutó once veces (el que más tras Mosquera) con un 35 % de acierto y Schär en el banquillo. Quizá con la coartada del balón parado, desmontada enseguida.

Y luego fue Pedro quien tumbó a Stuani con su segunda vida, reencarnado desde el interior zurdo al pivote único. Incapaz de abarcar la banda por delante de un Navarro alérgico a las subidas ?como Borges con Bóveda en la derecha?, al coruñés le sentó bien el traslado. Por momentos corrigió el desnorte visitante, propagado desde el área técnica. Se retiró Albentosa, y Mosquera, el mediapunta del Coliseo, dio otro salto, hacia la zaga. Tercera plaza en hora y media. Le faltó apagar la luz al final del esperpento; porque al capitán le habrán quitado el brazalete, pero le han dado a cambio un curso acelerado de primeros auxilios. Echa las tardes buscando zonas de emergencia, y tiene suerte: el Dépor es un filón para la filantropía. Acabada la cita, le tocó incluso resumir lo ocurrido. «Si te marcan gol con facilidad y tú no consigues hacerlo lo normal es que pierdas. Esto es Primera División». Al menos, durante otros diez partidos.

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