Primero, la idea; luego, los goles


La gran diferencia de rendimientos entre las delanteras del Dépor y del Girona es fruto de la idea de partida de los dos equipos. En el próximo rival coruñés hay una método muy claro, escenificado a la perfección desde un sistema de juego perfectamente definido. En el otro, priman los bandazos o las diferentes formas de llegar al gol, con un banquillo por el que han pasado distintos entrenadores con diferentes posicionamientos que han tropezado en las mismas piedras y nunca han encontrado el rendimiento ideal de estos jugadores.

Si a principio de temporada nos dan a elegir entre Andone y Lucas, o Stuani y Portu, cualquier entrenador hubiese elegido al dúo del Dépor, pero el momento actual demuestra que muchas veces el rendimiento de un equipo está muy por encima de la valía individual de sus jugadores. A los entrenadores somos los primeros a los que muchas veces nos gusta más jugar a los cromos, pero luego esos once jugadores distintos, con distintas realidades, formas de pensar y circunstancias tienen que funcionar juntos. En el Girona todo funciona, allí no se fallan penaltis, ni las ocasiones más claras del mundo, así que el rendimiento es otra cosa y le quita la careta a ese brillo individual que a veces nos ciega a todos.

Entiendo que ahora mismo la presión a la que los delanteros del Deportivo están sometidos es altísima. No hallar la regularidad a tu juego y el peso psicológico que esto provoca tiene que influir muchísimo, pero no es un problema únicamente suyo, sino que ellos son los más perjudicados. Yo lo achaco a la idea de equipo que se quiso formar. Todo la temporada estamos viendo las tremendas dificultades de dar entrada a los tres al mismo tiempo. Nunca han estado cómodos, porque no reciben el balón en zonas donde pueden ser decisivos. Son jugadores a los que les tiene que llegar el balón de una manera clara y más cerca de la portería rival, donde sus desmarques les permitan pisar el área. Pero se está jugando un fútbol más directo, donde deben estar atentos a los rechaces, o a las ayudas defensivas y siempre lejos del campo rival. Así, es imposible que estén frescos y puedan ser decisivos. En el Girona es el jugador el que se adapta al método, pero en el Dépor ha sido desde el principio al revés. Sin una idea clara, es muy difícil ganar.

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