Sudor, poses y otra oportunidad perdida

El Dépor compitió, pero el tono triunfalista que envuelve el empate resulta excesivo


La noche que el Dépor se reconcilió con su afición, pudo al mismo tiempo haberse asomado algo más al descenso. La forma como borró al final al Espanyol puede significar el principio de algo o la enésima oportunidad perdida hacia ninguna parte. La grada quiso interpretar que este bloque desangelado durante tantas semanas ya intuye ahora el camino de la redención. Porque empujó como hacía tiempo, con algo parecido a una verdadera idea de equipo, aunque dejase escapar al final dos puntos de otro partido que se anunciaba sin retorno. Todo demasiado a medias, todo típico de equipo pequeño, todo insuficiente. Así se escriben también los fracasos, trufados de pequeños arreones aislados de dignidad en un mar de mediocridad.

Seedorf ha convencido al vestuario de que solo puede competir con una alta intensidad. Pero el sudor no le llega para derrotar a otro de los equipos menos en forma de la Liga. Y el tono triunfalista y las poses del final del partido, ese deseo de exhibir hacia fuera la unión del grupo, resultan solo gestos. Detalles algo excesivos cuando el equipo todavía no ha conseguido una identidad y sigue antepenúltimo. Golpes de efecto muy del deseo del nuevo entrenador, el que solo lleva un punto en tres jornadas. Sin embargo, al Deportivo, que por momentos juega al contragolpe y al rato parece querer la pelota, le falta muchísimo para acelerar hacia la permanencia.

El empate reconocido por el público de Riazor concede algo de tiempo a Seedorf. Pero la misma grada que aceptó el empate contra el Espanyol ya avisó esta temporada que estará vigilante si el equipo vuelve a las andadas. 

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