Resulta incomprensible cómo en el partido capital para la permanencia el Dépor consumió casi toda la segunda parte sin rematar a portería. El único llegó en el minuto 87, cuando Luisinho chutó mientras llegaba al área a la carrera, pero un defensa bloqueó el disparo. Solo un equipo sin alma competitiva, unos futbolistas empachados de sí mismos, al tiempo que desenchufados de su suerte colectiva desde la primera jornada, así como un técnico recién llegado y desconocedor de la realidad que rodea al club y a su vestuario son capaces de componer el drama sufrido en Mendizorroza, donde los coruñeses pudieron despedirse de Primera. Si este adiós no se revela matemático, sí parece efectivo por la falta de rebeldía, coraje y espíritu de un equipo en el que ya resulta muy difícil creer.

Y eso que el Dépor y el Alavés saltaron al césped desatados, como si ninguno sufriese preocupaciones clasificatorias. En un partido que se preveía dramático y agarrotado, las carreras de área a área brillaron en el primer cuarto de hora, sobre todo mientras Adrián y Bakkali disfrutaron de carrete. Pero las dos primeras correspondieron al Alavés, que a los cinco minutos estrelló en la madera un mano a mano de Duarte con Rubén en otra empanada de la defensa coruñesa. Solo un suspiro después, Guidetti chutó desviado con todo a favor desde el corazón del área.

Pero los visitantes no se amilanaron. La defensa alavesista bloqueó un remate franco de Albentosa tras un saque de falta, Andone le pegó al aire a centro de Bakkali y el propio jugador holandés marró la más clara. Fue como el pasado fin de semana en Riazor. Esta vez Adrián corrió fenomenal al contragolpe y se la cedió en la frontal a su compañero, que combó su disparo para que se estrellase de nuevo en la cruceta. Se acababa de cumplir el cuarto de hora, pero ahí estuvo el partido.

El ritmo decayó entonces, como si los 22 futbolistas mirasen de repente al marcador y a la clasificación para acordarse de su mala situación. En especial, el Deportivo, que volvió a disponer de un par de contraataques que ni pintados, pero a Lucas y a Andone se les escapó el control, o el último pase, o la claridad para levantar la cabeza y ver al compañero. La vida, en definitiva.

Los coruñeses, que acabaron la primera parte por delante mínimamente en el dominio (49-51 %), se despidieron luego por completo del balón. Se ofuscaron en una sinfonía de pelotazos y choques en los que nunca triunfaron. La consecuencia se reveló clara, con la defensa, su línea más floja, exigida una y otra vez.

Los locales se acercaron más que nunca al área de Rubén, quien sí que detuvo seguro el primer intento de Munir, pero nada pudo hacer ante el segundo, a la hora. Su parábola imposible, un disparo precioso tras recibir en la frontal, superó al meta por alto y desnudó a un Dépor inofensivo y sin capacidad ni arrestos para reaccionar.

Aún Ibai estrelló un contragolpe en la cruceta, pero para entonces el Dépor ya se encontraba camino del cementerio, allí donde lleva toda la temporada.

«Ahora está más claro que nunca lo que hay que mejorar»

Alexandre Centeno

Seedorf mantiene su discurso optimista y destaca la primera parte del Deportivo

Optimista por naturaleza, Clarence Seedorf se niega a ver un Deportivo hundido, sin reacción y al que cualquier golpe recibido deja k.o. Lejos de eso, el técnico blanquiazul apela al trabajo y a la ilusión para convertir en positiva otra derrota de los blanquiazules. Y en esta línea, asegura que cada vez está más cerca la reacción porque «ahora está más claro que nunca lo que hay que mejorar», asegura.

Sin embargo, el neerlandés evita pronunciarse sobre los aspectos futbolísticos que considera fallan en este Dépor: «La suerte llegará cuando hagamos todo lo que tenemos que hacer. Faltan cosas para que la suerte gire. El trabajo siempre da resultado y eso es lo que vamos a hacer», sentenció el técnico blanquiazul.

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El Deportivo se inmola en Mendizorroza