El deportivismo, sin nada en lo que creer

Pasarán unos días y volverá a parecer que la reacción es posible, pero no hay ahora razones para pensar en un vuelco


Todavía tiene 14 partidos por delante, pero cuesta encontrar algo que permita creer en la posible permanencia del Deportivo. Los tres puntos que le separan del otro lado del drama significan poco, si no fuera porque el equipo viaja lanzado por una penosa cuesta abajo en cuanto a juego e identidad. Hace patente aquello de que no se juega más al ataque por dibujar más delanteros en una pizarra. ¿De verdad está el Deportivo para juntar en una misma alineación a Krohn-Dehli con Lucas, Adrián, Bakkali y Andone por delante? ¿Tanto le gustó el once del fiasco contra el Betis a Seedorf como para repetirlo con un único cambio obligado por la lesión de Valverde? ¿Conseguirá implantar el entrenador alguna idea renovadora además de apelar a los tópicos más manidos, de la intensidad a la unión del vestuario? Por debajo de la apariencia de juntar tantos jugadores ofensivos en un equipo absolutamente descosido, el resultado puede resultar demoledor. Lo ejemplifica Andone, casi siempre el más honrado de los deportivistas al dejarlo todo sobre el verde, y huérfano de balones en condiciones en Mendizorroza. Cero tiros, cero asistencias, cero faltas, cero goles. Seedorf pidió once guerreros como el rumano para reaccionar, pero a estas alturas del cuento, el valor se presupone, aunque convenga recordarlo. Y en el partido en el que otra vez se anunciaba que se jugaba la vida, el Dépor también se vio sobrepasado por las revoluciones del rival. Pasarán unos días y probablemente volverá a parecer que la reacción es posible. Pero no hay razones para pensar que el desastre que fueron incapaces de corregir Pepe Mel y Cristóbal Parralo lo vayan a arreglar ahora estos jugadores con Seedorf. Porque niega la evidencia de que entrena a un conjunto desastroso. Y lo primero para reconducirlo, ya se sabe, sería reconocerlo.

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