Vergüenza en el Bernabéu

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Que el Dépor no está para competir con el Madrid, ni siquiera con este que regalaba puntos con la generosidad de un modesto, no sorprende a nadie. Tampoco es insólito que reciba una goleada en el Bernabéu, aunque sea dolorosa siempre. Lo que no puede permitirse el equipo es una imagen tan lamentable como la del segundo tiempo. Con un Madrid con la tarde resuelta y entregado a la rutina, faltaron combatividad y amor propio al otro lado del campo. Suele recurrirse a la falta de actitud como lugar común para señalar a un equipo que se despeña por los malos resultados, pero esta vez esa indolencia retrata el descalabro del segundo tiempo del Deportivo mejor que cualquier pizarra. Iban cayendo goles sin que ese líder que lleva tiempo necesitando el equipo diese un grito que zarandease al resto. Porque no es lo mismo perder 3-1 que 7-1.

Con la excepción de Rubén, que se pasó media tarde sacando manos como tentáculos de un pulpo en su probable epílogo en la titularidad del Deportivo, el desastre del Bernabéu confirma las carencias de la plantilla. Un coladera en la banda derecha, y un grupo deslavazado y manso hasta la desesperación en cuanto se deshizo el triángulo inicial de mediocentros que le funcionó dignamente a Cristóbal durante casi una hora.

Con el equipo en descenso y la fragilidad crónica en defensa de los últimos meses resulta incomprensible la actitud contemplativa de la última media hora. Once faltas hizo el Deportivo en el campo del campeón del mundo el día que le metieron siete goles y le tiraron 24 veces. Y seis las cometió Andone. La reacción no puede demorarse más.

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