Un paso atrás


Ni un rival propicio como el Girona, ni la inercia de la mejoría de las últimas semanas, ni la tranquilidad de no verse en peligro de caer esta vez a la zona de descenso, ni el factor Riazor. El Deportivo dio ante el Girona un paso atrás cuando parecía haber construido una alineación reconocible a partir, sobre todo, de un centro del campo robusto. Con el avance del otoño la oscuridad se adueñó de Riazor. A un lado, un equipo que empezó desdibujado, complicado encima por una situación que Albentosa (sorprendente en un once donde tanto se echó de menos a Shär) debió evitar siempre problemas en la jugada inocua en la que empezó a torcerse la noche. En el otro extremo, un conjunto limitado, que zozobraba ante cualquier centro lateral y que, aún así, terminó sacándose de encima el asedio del Dépor de forma medio milagrosa y que supo contragolpear con peligro. Hasta el árbitro era un desastre: en las decisiones más comprometidas, en la simple aplicación de la ley de la ventaja...

En medio de los problemas, mejoró el Deportivo a medida que avanzó el partido, y también con las sustituciones. Se ordenó el juego, aparecieron la frescura o la ambición de futbolistas que ya se empeñaban en dibujar desmarques y, sobre todo, irrumpió Adrián. Su clase tuvo un efecto contagioso que alegró la cara del equipo hasta que llegó el segundo gol del Girona y el encuentro se descosió por completo. Por encima de todo, hay un dato que resume los recurrentes problemas del Deportivo, que se reproducen una y otra vez. Cada dos tiros entre los tres palos, recibe un tanto. Y desde esa fragilidad no hay manera de construir un equipo.

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