Lucas, gol, carácter y carisma para que el deportivismo vuelva a soñar


Solo un símbolo como Lucas puede propiciar semejante temblor en el deportivismo. La misma afición que sufría en permanente estado de depresión durante la temporada pasada, revivía en agosto cada vez que se producía un movimiento significativo entre Londres y la plaza de Pontevedra. Así que su vuelta a casa se siente como la sacudida que puede elevar por fin a un equipo apañado pero inseguro. Marca el clic para transformar al resto del grupo. No había ahora disponible un jugador que pudiese conseguir semejante impacto en Riazor. Por su valor simbólico para la afición, su carácter ganador dentro del vestuario y su talento sobre el campo.

Lucas cuenta con varias de las virtudes que necesita el Deportivo, un vestuario huérfano de verdaderos líderes y falto de un jugador que terminase de marcar las diferencias. Su juego eléctrico, su competitividad, su experiencia en Riazor, su gol... Y no necesita adaptación. La plantilla había incorporado este verano a un central muy por encima de la media como Schar, y un grupo de fichajes interesantes, pero de los que se espera todavía un paso más al frente. Ahora pueden recibir el empujón que puede llegar ahora.

Encarna al Lucas riquiño que quiere ver la grada y, al mismo tiempo, el valiente capaz de dar un grito en la caseta o encararse con quien haga falta cuando la situación exige carácter. Una furia que, convenientemente manejada por Mel, puede aportar un plus al vestuario. Porque regresa para jugar y opositar al Mundial, y el entrenador, que tiene mucha mili encima, necesita cuidar su encaje en el grupo.

El regreso de Lucas supone el mayor tanto del consejo de administración hasta la fecha. Quizá resultó más difícil reconstruir desde Segunda una plantilla de retales a partir del pufo que dejó Lendoiro. Pero con Lucas da un golpe de efecto. Lucas vuelve un año después de irse. Pero si entonces dejó 14 millones (aunque tres millones y medio fuesen a Hacienda, también sirvieron para eliminar deuda), ahora regresa a un club con cimientos más sólidos.

La crónica del regreso de Lucas comenzó a escribirse en estas páginas en abril. El equipo se salvó en mayo como mal menor después de otro partido del que ya nadie se acuerda y el deportivismo constató que necesitaba un ídolo. La negociación despertó tanto entusiasmo que, incluso sin estar cerrado su fichaje, las colas de Riazor elevaron el número de socios por encima de las cifras de la temporada pasada. 

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