Que termine la pretemporada


o jugar a nada. Pocas veces una frase manida resume mejor un partido. El Dépor lo tuvo todo para ganar en Valencia y no aprovechó ninguna de las ventajas con las que se fue encontrando. Se vio con un gol a favor muy pronto, hasta con dos, en una situación que pocas veces disfrutará lejos del calor de Riazor, y al final hasta con un rival con diez jugadores. Y ni así ofreció detalles para ilusionarse. Ni tan siquiera para amarrar tres puntos que impulsen su reinicio de liga.

Deja la sensación el Dépor de seguir de pretemporada. El estreno contra el Madrid se interiorizó como una misión casi imposible. Y de tanto hablar de los fichajes que faltan por venir, parece que el equipo todavía se encuentre por hacer. Y lo está. De la aceptable imagen del estreno en Riazor pasó al quebradizo aspecto de Valencia. Un deja vú de la temporada pasada. Atendiendo a la visita al Levante, todavía faltan carácter, liderazgo y oficio. Con un once que al final se pareció demasiado al de la temporada pasada.

Al inicio, Mel pareció querer lanzar al equipo a presionar, con la idea de dar protagonismo a Çolak en la media punta. Pero con el 0-1 se evaporó el plan. Demasiados pelotazos, demasiada complacencia, demasiado trote hacia ninguna parte. Correr y correr detrás del balón. Por más que fueron pasando cosas, el Deportivo siguió igual de desaparecido. Ni contra diez se creyó capaz de gobernar el partido. Ni tampoco con el 2-2 se sonrojó para cambiar de marcha y morder de verdad para ganar. Que la pretemporada, pasado el parón liguero y el cierre del mercado, termine cuanto antes.

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