El futuro del Deportivo empieza ahora


Detrás de cada fichaje, cada gol, cada derrota, asoma un porqué. El fútbol, puro sentimiento, al final también sigue la fría lógica de los números. La Liga no resulta tan sencilla como aquel viejo PC Fútbol, el juego de ordenador con el que cualquiera podía soñar con elevar su modesto equipo de Preferente a la final de la Champions. La losa de las deudas carcome a los clubes durante décadas, cuando no los condena directamente a la desaparición. Y salir del círculo vicioso del pago de deuda, ajuste y nuevo pago de deuda resulta desesperante. Lleva años romper ese bucle que exige la supervivencia de un histórico convertido de golpe en modesto.

Este periódico anunció hace unas semanas el principio de acuerdo para un crédito que permitiese saldar la deuda con Hacienda. Parecía increíble que una entidad pudiese afrontar un acuerdo de semejante envergadura con una entidad sujeto a los vaivenes de los resultados. Pero era cierto. Un gol antológico. Un vínculo que conlleva el patrocinio del estadio de Riazor.

Abanca y el club abren un escenario nuevo e ilusionante para el deportivismo. Una apuesta decidida de la entidad financiera permite un futuro más desahogado para el club. Si bien el Dépor no entierra definitivamente sus problemas económicos heredados de la nefasta gestión de Lendoiro, se abre a un horizonte mucho más desahogado. El punto que se anota el consejo de administración le sitúa inmediatamente en un escenario más favorable. Al mismo tiempo se eleva el listón de exigencia sobre un club que, ahora sí, ya no se tendrá que poner a la cola al entablar cualquier negociación. En junio vuelve a salir el sol para el deportivismo.

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