Valverde, un jugador diferente


Federico Valverde le llueven ahora los elogios. Si hubiese llegado a la final del Mundial sub-20 con Uruguay, en lugar del Balón de Plata probablemente le habrían dado el de Oro. Pero antes del torneo de Corea del Sur, el gran mercado de los jóvenes talentos, el Deportivo había tomado posiciones. Necesita adelantarse a los demás porque con billetes no va a convencer a nadie. Seguía a un futbolista que no era titular indiscutible en un filial en Segunda División B. La conclusión: valía la pena apostar.

La llegada de Valverde, un talento de 18 años, un jugador sin siquiera experiencia en Segunda A, un futbolista cedido, conlleva riesgos. Pero su calidad y proyección, a ojos de quienes mejor lo conocen, lo convierte en un futbolista diferente. Justo lo que necesita un Deportivo que durante demasiadas jornadas del curso pasado pareció demasiado previsible. No vendrá mal un chaval que agite el juego con ganas de comerse el mundo.

Mire por donde se mire, en un mercado dormido como el de este año, un verano de fraudes y sinvergüenzas, de autos y pactos con la Fiscalía, no hay duda de que el Deportivo se anota un tanto. El éxito del equipo actual depende en gran medida de jugadas como esta. Jóvenes atractivos que mezclen bien con jugadores de más peso, líderes que devuelvan el alma a aquel equipo adormilado.

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