Igual hay que mimar menos a los futbolistas y exigirles más


Y si resulta que los futbolistas del Deportivo son lo que parecen, poco más que un grupo de jugadores de medio pelo que coquetean con el descenso?

Existe una costumbre muy arraigada, especialmente en A Coruña, que pone el punto de mira sobre los entrenadores cuando las cosas no van bien. Sucedió con Víctor Fernández, con Gaizka Garitano y también está pasando o comenzando a pasar con Pepe Mel. Lo de Víctor Sánchez Del Amo fue otra historia. ¿Y qué pasa con la responsabilidad de los jugadores? ¿Por qué casi siempre quedan al margen?

A Coruña es un chollo para cualquier futbolista. Aparte de las bondades de una ciudad espectacular, mima a sus jugadores como a niños. En una hipotética clasificación sobre la presión que el entorno ejerce sobre ellos, A Coruña estaría en la cola. La placidez con la que se pasea un futbolista blanquiazul, (no ya gane o pierda que eso son cosas del juego), corra o no corra, dé la cara o se esconda, sea solidario o egoísta, difícilmente tiene parangón. Aquí se siguen pidiendo autógrafos a jugadores que hacen el ridículo cada semana. Siempre encontramos una excusa que explique su bajo rendimiento. Y quizá buena parte de su comodidad se origine en el nivel de exigencia que desde el propio club se les está transmitiendo.

Puede que haya llegado la hora de dar una vuelta de tuerca y acabar con la sobreprotección de la que gozan estos chavales para comenzar a tratarles como a hombres, auténticos profesionales a quienes se les exige lo máximo todos los partidos y no uno de cada diez. Si no hay rendimiento, no hay reconocimiento.

Sin excesos, sin violencia de ningún tipo, los futbolistas, igual que el entrenador, deben sentir el aliento de la desaprobación sobre sus cabezas. Si se les trata como a niños, jugarán como niños. Y jugando como niños un día se levantarán mojados en Segunda.

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Igual hay que mimar menos a los futbolistas y exigirles más