El Dépor se despeña en Nervión ante el Sevilla y entra en barrena

TORRE DE MARATHÓN

El Dépor confirma su preocupante involución con una nueva derrota ante el Sevilla (4-2), en un duelo marcado por los flagrantes errores defensivos

08 abr 2017 . Actualizado a las 21:43 h.

El Deportivo acrecentó las dudas y las preocupaciones al caer con justicia en Nervión ante el Sevilla (4-2), en un encuentro calamitoso a nivel defensivo que podría dejar al club herculino a tres puntos del descenso al acabar esta jornada. Kakuta fue la única luz de un Dépor que volvió a entrar dormido al terreno de juego, el doblete del congoleño no fue suficiente para puntuar. Los herculinos acumulan cuatro jornadas sin ganar.

El encuentro fue una locura desde el inicio, un ejercicio constante de calamidad defensiva por parte de los dos equipos. Como viene siendo habitual en los últimos encuentros, el Dépor volvió a entrar tarde al partido y por muy mal que esté el Sevilla la calidad de los hombres de Sampaoli aprovecharon la torrija herculina para ponerse en ventaja a los 55 segundos. Bastó una internada de Nzonzi en el área, la connivencia total de la zaga herculina y Jovetic, en el primer palo, para poner el 1-0.

No importaron las críticas de Mel en los días previos, las promesas y premisas de salir «enchufados desde que nos revisen los tacos», el Dépor volvió a mostrar en el inicio una actitud indigna de un equipo de Primera, adormilado, superado de antemano, sin entrega ni amor propio. Le salvó al Dépor que el Sevilla vive también su peor momento de la temporada y su faceta defensiva esperpéntica a la par del Dépor. Eso y las genialidades de un Kakuta inmenso en su regreso al Sánchez Pizjuán. El congoleño igualó rápido el partido. Antes del minuto cuatro la presión de Joselu propició el error de la zaga local, que castigó Kakuta con un zurdazo cruzado que no pudo desviar Sergio Rico. El Dépor parecía resistirse a entregar el partido pese a su mal inicio, pero volvió a verse condenado por la lacra defensiva.

De nuevo por la banda izquierda Escudero avanzó sin apenas oposición hasta dentro del área, su disparo cruzado lo rechace mal un desacertado Lux, que dejó el esférico franco en área pequeña para que Sarabia empujase a la red. Era el minuto once y la frustración ahondaba en un Dépor que, para colmo de males, veía como el jugador más regular de la temporada, Juanfran, tenía que dejar el partido por una lesión muscular.

Kakuta, la única luz

De nuevo por detrás en el marcador, el Dépor careció de amor propio para revolverse, lejos de eso se mostró como un equipo romo, sin intensidad, sin presión, sin actitud ante un Sevilla que llegó a rozar el 70% de la posesión en varios tramos de la primera parte. Pese a la nada futbolística, Kakuta se empeñaba tirar del carro y se buscó una maravilla en forma de lanzamiento de falta para volver a igualar el partido. Un zurdazo de falta directo delicioso, con rosca, que superaba la barrera y se colaba por la escuadra izquierda de Sergio Rico.

JULIO MUÑOZ | Efe

Pero más allá de Kakuta el resto del Dépor no compitió en el Sánchez Pizjuán. Ante un Sevilla que, lejos de avasallar, se mostraba también como un equipo frágil e inseguro atrás aunque con más ambición e intensidad en la parte ofensiva. Suficiente para que en un nuevo garrafal despiste defensiva, una falta lateral lanzada por Sarabia la rematase Joaquín Correa en el primer palo para cabecear cruzado y batir a Lux.

El tercer tanto sí espoleó al Sevilla que en el tramo final encerró al Dépor en su área. Pudo llegar el cuarto antes del descanso en una ocasión clamorosa de los locales que Jovetic envió al palo en área pequeña y en el rechace Correa la mandaba fuera a puerta vacía. Antes del descanso el Dépor pudo encontrar oro en forma de gol en una absurda mano de Franco Vázquez en área sevillista que no señaló como penalti el árbitro.

Un Dépor sin mordiente

La segunda parte fue otro mundo. El encuentro se ralentizó, el ritmo disminuyó y la avalancha de llegadas e idas y venidas de la primera parte dio paso a un duelo equlibrado, por momentos trabado y anodino.