Solo faltaría que el Dépor no presionara


La mayor presión que debería de notar sobre sus espaldas el alcalde de A Coruña es la de los más de 20.000 aficionados que en cada partido se dan cita en el Estadio Municipal de Riazor. Todos ellos viven cada encuentro bajo una techumbre podrida, indigna de una ciudad de primera categoría, como sabemos que es la coruñesa. Y si el Deportivo presiona al ayuntamiento para que se haga cuanto antes la reforma integral de la cubierta es como para sentirse orgulloso del club. Lo absolutamente anormal es que no haya presión cuando de lo que se está hablando es de la seguridad de miles de personas.

Sorprende que el alcalde ataque a la entidad blanquiazul y que se vanaglorie de tener un gran proyecto en su cabeza, de haber sido interlocutor de los Riazor Blues y de dar grandes apoyos al Deportivo, tangibles e intangibles. Porque aquí de lo que se trata es de arreglar un problema de seguridad. La cuestión es que la cubierta de Riazor se cae a pedazos con el viento y es responsabilidad del ayuntamiento, y que es inaceptable que las obras de la citada reforma vayan a acabar más tarde aún que esta legislatura, la primera de la Marea al frente del Concello.

Demasiado poco presiona el Deportivo, y demasiado poco está presionando la masa social del club. Ferreiro y su equipo de gobierno son quienes más deberían de presionarse a sí mismos para encontrar de una vez una fórmula que acorte considerablemente los plazos. Para eso están.

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