Irureta: «Me ha rejuvenecido volver a mi casa»

Javier Irureta, que participa hoy en el Museo de La Voz de Galicia en la gala del 110 aniversario del Deportivo, regresa a la misma habitación 514 del hotel donde vivió sus siete años en el club


a coruña / la voz

Javier Irureta abrió ayer de nuevo la puerta de la habitación 514 del hotel María Pita de A Coruña. Allí gestó las siete inolvidables temporadas (1998-2005) que pasó al frente del banquillo de Riazor, en las que el Deportivo levantó cuatro de sus seis títulos: una Liga (2000), una Copa (2002) y las Supercopas que siguieron a estas. Había regresado en dos ocasiones a la ciudad y solo en una de ellas se hospedó en este mismo hotel y en esta misma habitación, la casa del entrenador de una época irrepetible. «Fui muy feliz aquí, en mi casa, y es muy emotivo volver», desveló nada más traspasar el umbral y antes de participar en la gala en el Museo de La Voz de Galicia por el 110 aniversario del club.

La habitación es un mirador sobre el mar y el paseo que recorre la playa del Orzán camino de Riazor. «Lo primero que me enamoró fueron unas vistas magníficas, tiene dos buenas ventanas y el sol entra, y es un placer. A veces el viento y el agua se oyen bastante, pero es muy bonita, sobre la playa y el estadio. Me ha dado vida volver, me ha rejuvenecido», explica. De aquellos años han retirado la alfombra y el sofá rojo centrales. Ahora otro dorado se apoya en la pared. La cama, antes de matrimonio, es ahora dos pegadas de una sola plaza. Colgada en la pared, la pantalla plana ha sustituido al monitor de tubo y al vídeo. «Me gusta ahora y antes también, porque hay cosas que no tocarías hace diez años, pero ahora vuelves a verlas con otro aspecto y me siguen gustando», afirma. Y ya no están, claro, sus recuerdos personales, las fotos de su familia, su mujer y los hijos, a las que en su último año en A Coruña se unió la de su primera nieta. «También tenía una figurita de San Francisco Javier en la mesilla. Me hacía estar con el pensamiento más relajado y tranquilo», explica. Y desde aquella habitación partían sus habituales paseos, «casi siempre camino de la Torre o más allá, hacia San Amaro», indica, pero también para oír misa los jueves o viernes «y el domingo siempre que podía», añade.

Irureta se trasladaba a otro hotel de A Coruña en las concentraciones del Deportivo, mientras llegaban a su casa algunos de sus más feroces rivales. «Tenía que estar atento a ver cuándo subían, porque no me gustaba coincidir con los que iban a ser adversarios. Había amigos, compañeros, conocidos, jugadores que habían estado conmigo,... pero me parecía que el momento de verles era el del campo, no el día anterior. Así que procuraba salir antes de que llegasen, o bajar por las escaleras... era cuestión de no coincidir. Es como si vinieran a echarme de mi casa», se ríe.

Más allá de los títulos, sus mejores momentos en el hotel están relacionados con las siete nocheviejas que disfrutó allí. «Venía la familia y eran más especiales que en casa, con más alegría», recuerda. Su peor decepción fue la eliminación en las semifinales de la Champions. «Desde entonces empecé a pensar que el fútbol era más que lo que se jugaba en el campo, que había otros componentes. En esta habitación no digo que lloré, pero sufrí. Fue uno de los momentos más difíciles», recuerda. En la 514 habita para siempre un pedazo imprescindible de los 110 años de historia del Deportivo.

«Coincidí con Rajoy ¡y sabía más de deporte que yo!»

Un paseo por el hotel con Irureta se convierte en una cadena de cariño. Los saludos y abrazos se suceden. «Me he alegrado de ver a todos, porque siguen la mayoría y es una satisfacción doble. Este director es el tercero que tuve aquí y el que más años estuvo conmigo. Siempre se ha comportado muy bien. Y todos los empleados son magníficos, me han atendido mucho. Y me han pedido bajar a donde estaban. Muchos son futboleros, alguna mujer incluida», señala. Eso sí, descarta que en alguna ocasión le hayan aconsejado. «Nunca. Son muy respetuosos. No sé si alguna vez el director les había dado alguna consigna, pero siempre fueron muy amables y me ha generado mucha alegría que aún están y que están casi todos, los camareros, el director, todos los mismos», insiste. De aquellos años le encantaban la tortilla, el pescado y los chipirones. «A veces cenaba en la habitación y otras abajo. Ellos mismos me avisaban: “Hoy tenemos a tal persona, o a esta otra”. Una vez estaba Rajoy, cuando era ministro, y otra Zapatero, ¡pero Rajoy sabía más de deporte que yo!», bromea.

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