Andone necesita otro plan en el Deportivo

Xurxo Fernández, Pedro Barreiros A CORUÑA / LA VOZ

TORRE DE MARATHÓN

CESAR QUIAN

La falta de gol del punta encuentra disculpa en el juego del equipo, que no se adapta a sus virtudes

26 oct 2016 . Actualizado a las 16:31 h.

Pelea, se desmarca, remata... Y hasta ahí. Florin Andone sigue estando por estrenar, pero no son ganas lo que le falta al delantero rumano, uno de los que más remata de Primera. Uno también de los que disparan peor. El desencuentro con la red tiene coartada en el caso del ex del Córdoba y no falta quien la avale. Hasta diez compañeros y un sistema que no se adaptan a él. O eso reflejan tanto sus partidos en blanquiazul como todos los que disputó vestido de verdiblanco, dentro y fuera del Arcángel, exhibiendo un contrastado acierto rematador.

Al servicio de los andaluces hizo 26 tantos entre la máxima categoría y la de después. Cinco (en liga) en el año del descenso; 21, en el que el Córdoba estuvo cerca de ascender. Se perdió la promoción y su equipo lo pagó. Era el futbolista clave en el esquema de Oltra, con un juego destinado a exprimir sus virtudes de hombre gol: pelea, desmarque, remate... Hasta ahí.

En Segunda, Andone pasó un curso entero metido en el área rival. Desde allí llegaron todas sus dianas menos la que firmó en el Martínez Valero mediante un chut desde la frontal sin oposición (la pelota le había llegado tras el robo arriba de un compañero). En el resto de ocasiones en las que el rumano vio puerta lo hizo aprovechando centros medidos a los que llegar por anticipación (Pedro Ríos fue su socio habitual), pases entre líneas hacia su carrera, o todo tipo de acciones de estrategia. Anotó en cuatro saques de esquina y en un par de faltas colgadas hacia su posición.

Es en ese terreno, el del balón parado, en el que más se parece el equipo en el que estuvo y el equipo en el que está. No es famoso Oltra por sus acciones ensayadas, pero en Córdoba aprovechó varias veces esta suerte para decantar partidos a su favor. Garitano, con mucha más querencia al laboratorio, ha encontrado la supervivencia (a la altura de la jornada nueve) en esta opción. El equipo ha anotado de penalti y en tres faltas laterales (una de ellas, con rechace incluido). Cuatro de seis.

El resto de tantos han llegado fruto de un disparo lejano y, ese sí, una jugada trenzada frente al Leganés. De esas que necesita Andone para crecer. Acción a varios toques, apertura a la izquierda y centro medido de Luisinho para el remate de Borges a pocos metros de la línea de gol. Como aquella vez en la que el rumano marcó en Riazor, aunque fuera ejerciendo de rival.

Entonces también llegó un balón colgado, que el ariete recibió tras colarse a la espalda de Sidnei para batir a Fabri a continuación. Fue su último gol en Primera. Antes había marcado cuatro; todos, chutando entre el punto de penalti y la red. Una zona que el Deportivo de esta temporada pisa poco a la hora de disparar.

Los blanquiazules son el tercer equipo que más lo intenta desde fuera del área, tras el Granada y el Leganés. Un 47 % de las veces que los coruñeses tiran lo hacen a distancia, una fórmula para la que solo Babel ha demostrado tener gol.

Faltan otros recursos. Por ejemplo, algún buen centrador. Juanfran es el que más se ha animado por ahora, seguido por Fayçal (el francomarroquí tiene ventaja porque en la estrategia asume el papel de lanzador). Entre ambos han hecho crecer la importancia de la banda derecha en el juego blanquiazul. La izquierda se pierde entre extremos a pie cambiado (apenas la ha ocupado Carles Gil) y un lateral (Navarro) que solo quiere defender. Apenas llegan centros desde allí. Y es por esa vía como llegó el único gol oficial de Andone en Riazor.