Richard Barral, la figura emergente


Tino Fernández destituyó a Víctor Sánchez del Amo porque dejó de creer en él. Lo fue haciendo de una forma progresiva, quizá más de lo que el gran público cree, si bien es cierto que con el esperpento del final de temporada, todo se precipitó y agigantó.

Víctor echó un pulso y lo perdió. Se lo echó a Tino, a Fernando Vidal, a Richard Barral, a Luisinho, Lopo... Quizá por inexperto, por arrogante o porque se fue liando en su propia red y no supo salir, se va trasquilado de una campaña en la que todo lo tuvo a favor para coronarse como el gran descubrimiento de los banquillos de la Liga de las Estrellas. Él mismo arruinó todo lo que ayudó a construir y pasó de Europa a sufrir casi agónicamente por la permanencia. Cumplió objetivos, dicen en un reduccionismo absurdo y falso. Pero se convirtió en un elemento tóxico para la unidad del deportivismo. Y fue una lástima, porque durante varios meses vivimos un bonito espejismo en el que, también hay que decirlo, algún mérito tendría.

En principio, y a tenor de las palabras del presidente deportivista, quien ha salido reforzado de todo este embrollo ha sido el director deportivo Richard Barral. Ayer, fue ensalzado por Tino Fernández, hasta el punto de que lo calificó como «uno de los mejores de España». También dijo que habría que darle una «mayor visibilidad». No dejan de ser halagos envenenados hacia el encargado de configurar la próxima plantilla. Porque si bien es cierto que ayer recibió unos galones que hasta ahora no tenía (por lo menos públicamente), también lo es que acaba de ser declarado máximo responsable de todo lo que pase en la faceta deportiva. De alguna manera, Tino protege a Vidal, y da vuelo y responsabilidad a Barral, quien deberá proponer al presidente ese «líder» del futuro del que habló ayer. Y es que el dirigente necesita por fin dar con el entrenador adecuado y desterrar la idea que se está consolidando de que se trata de un presidente con el «gatillo fácil», una trituradora de técnicos que ya se ha llevado por delante a Fernando Vázquez, Víctor Fernández y Sánchez del Amo.

Barral no tiene una tarea sencilla. Porque sabe que no puede fallar. Ya se han agotado las balas y una destitución le haría mucho daño a sus superiores. Su labor es complicada, pero es la que le toca y para ello está capacitado.

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