Lotina asciende en el exilio

El técnico, que acaba de subir a Primera con el Al Shahaniya, relata su experiencia en el club catarí


redacción / la voz

Cuando hace un par de años el Llagostera subió a Segunda, la plantilla lo remojó en un McDonalds y recorrió la villa catalana a bordo de un tractor. Cuánto habría dado Miguel Ángel Lotina (Meñaca, 1957) por tener una hamburguesería a mano el pasado sábado. O un vehículo cualquiera sobre el que festejar un ascenso con la gente de Al Shahaniya, la localidad de 35.000 habitantes a la que volvió en verano para no perder contacto con el fútbol y darse «una pequeña alegría», como la que acabó celebrando casi en la intimidad.

«Aquí no hay paseo en autobús ni recepción en el Ayuntamiento», explica por teléfono el exentrenador del Deportivo. Condición, la de técnico blanquiazul, que perdió tras un dramático descenso que se repetiría un curso después en el Villarreal. «Aún estoy pagando esos años», lamenta.

Por culpa de semejante lastre, y de la infructuosa negociación que sostuvo hace poco con otro club español, Lotina regresó a Catar. Al mismo conjunto que había abandonado meses antes tras solo dos partidos y con el agravante de que durante su ausencia el equipo había perdido la categoría. Aquella espantada le dio al menos un rédito al entrenador vasco: «Me fui por un desencuentro en la configuración de la plantilla y siento que con esa dimisión me gané el respeto del presidente, que me llamó para que volviera y me ha dejado trabajar tranquilo».

Retornó junto a un ayudante catalán, al que se le sumaron otro auxiliar portugués, un preparador físico iraní y un entrenador de porteros egipcio. La lista de extranjeros en el Al Shahaniya la completan cuatro futbolistas entre los que hay un nombre conocido. «Nuestra estrella es Álvaro Mejía, el que jugó en el Real Madrid -detalla el míster-. Está a muy buen nivel y destaca bastante sobre el resto». Un resto que explica la situación que afronta Lotina en su exótica aventura: «Casi todos los jugadores nacionales o asimilados tienen otro trabajo aparte del fútbol, así que los entrenamientos están condicionados por ese detalle. Mi primera tarea ha sido la de intentar educarles en el profesionalismo y hay que reconocer que en eso ha ayudado bastante la Federación Catarí, que está muy volcada en estos temas con vistas al Mundial del 2022».

Las buenas intenciones chocan sin embargo con la realidad del fútbol en el país árabe, donde la atención se la llevan la competición española y la inglesa. «Un partido entre los grandes de aquí, el equipo de Xavi y el de Sergio García, por ejemplo, van a verlo al campo unas 7.000 personas, así que imagínate uno de Segunda», apunta un Lotina que tiene la intención de prorrogar su aventura pese a los inconvenientes: «Vine con la idea de quedarme dos o tres años, aquí vivo muy bien y estoy aprendiendo inglés, que era uno de mis objetivos».

La decisión le pondrá delante un nuevo reto, el de amarrar una permanencia realmente complicada. «Aunque tengas suerte con los cuatro extranjeros que fiches, es muy difícil completar un equipo de garantías, porque en este país no hay muchos futbolistas y los pocos buenos se los llevan los equipos poderosos. El que ascendió la pasada temporada, por ejemplo, lleva solo una victoria y 22 derrotas», analiza el técnico. Hay sambenitos de los que no es sencillo huir. Inmunes incluso a las pequeñas alegrías en Catar.

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