Aduriz retrata las miserias del Deportivo

El delantero local desnudó con sus intervenciones los graves problemas que aquejan al Dépor


redacción / la voz

Aduriz que suelta el brazo en pleno salto; Aduriz que se encara con el doliente Navarro, que rueda ya sobre el césped; Aduriz que levanta la cabeza y brama: «¡Mateu, no me jodas!». A lo lejos lo escucha el colegiado, tentado a hacer un Rafa Guerrero, a ordenar que se detenga el espectáculo. Pero, como antes, cuando Aduriz se dejó caer en área ante Arribas, Mateu elige el «sigan, sigan». No quiere dejar a la Catedral sin su artista, sin el autor del retrato más triste que le han hecho al Dépor en lo que va de temporada (y parte de las que antes vinieron). Creció Aduriz bajo la lluvia, se metió en cada charco para medirse a sus inquilinos y derrotarlos por cualquier vía. Aprovechando la falta de recursos y energía de un grupo (banda, ayer) en caída libre.

Lentitud

La carrera con Arribas. El primer reto del ariete local consistió en superar a Arribas. Lo liquidó con prisa, refrendando lo larga que se va a hacer la baja de Sidnei. Sobre todo, para su pareja habitual, desplazado por Lopo y obligado a salir a San Mamés como central por la izquierda. Allí se lo encontró Aduriz y le invitó a echar una carrera en frío. Mojados y sin ocasión de estirar siquiera, a los tres minutos de partido. No es ninguna gacela el 20 de los bilbaínos, pero se plantó sin compañía ante Pletikosa, que acertó a estirar la pierna a tiempo para retrasar un poco el castigo. Quedaba plasmada la lentitud de la zaga blanquiazul, obligada por ello a defender muy cerca de su área. Un problema que explotó también Susaeta, flirteando con el fuera de juego para regalar el 2-0 a su hombre gol, nuevamente más veloz en el esprint hacia la red.

Descoordinación

El remate ante Lopo. En el tercero de los de casa lo que resultó evidente fue la descoordinación absoluta. Aduriz, máximo realizador nacional, alcanzó solo en el área pequeña un nuevo servicio desde la derecha. Era el único rojiblanco en zona de remate, pero Lopo perdió inexplicablemente su marca y Arribas (ya reubicado en la derecha) no tuvo tiempo de llegar a la ayuda. La desconcentración afectó a todas las líneas, con errores en controles y pases de lo más sencillos.

Falta de contundencia

La pugna con Mosquera. También hubo despiste en el tercer tanto del delantero local, el cuarto del Athletic. Y desgana. Aduriz, curiosamente el jugador de los de Valverde que menos veces tocó el cuero, venció en el cuerpo a cuerpo a Mosquera para contactar antes que nadie con un balón perdido. Pletikosa, que abortó su salida confiando en la superioridad numérica blanquiazul en la zona de impacto, acabó fusilado bajo palos. Imagen de la impotencia, de la dimisión en bloque del Dépor. Último retrato del artista de la Catedral.

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