Final feliz a un año de sufrimiento extremo y repleto de zancadillas


Un segundo es una eternidad y lo que sucede durante esas mil milésimas puede cambiar la historia para siempre. Salomao se hizo con un rechace embarullado y tal y como le llegó, tal y como pudo, chutó. El balón inició una trayectoria acompañada por miles de corazones blanquiazules destino hacia la permanencia. La pelota besó la red y el milagro de la salvación se hizo realidad. Y con él, una puerta abierta hacia un futuro esperanzador, porque de no ser así, negrísimos nubarrones amenazaban al Dépor en Segunda.

Fue el final feliz a una temporada de sufrimiento extremo. Todos los estamentos del club, directiva, cuerpo técnico, jugadores, empleados y afición han pasado por un año maldito, repleto de desgracias, anormalidades, errores y un montón de avatares que Víctor Fernández llegó a calificar como un proceso autodestructivo.

La temporada ha sido un vía crucis. Desde el minuto 1 de la Liga el Deportivo era un club de riesgo. La herencia dejada por Lendoiro no desaparecerá en años. Y con ella, el Dépor tomó la salida en la campaña 2014-2015 con una pesada losa y con la etiqueta de ser un equipo más de los que lucharían por la permanencia. Pero además de estar condicionados por el presupuesto y la tierra quemada dejada por Lendoiro y familia, la directiva ha tenido que torear con problemas impensables no ya para ellos, sino para el deportivista más extravagante, imaginativo y cenizo.

Tino Fernández y su equipo se han equivocado, pero las circunstancias les obligaron a repartir sus energías en demasiados frentes. Y eso, aunque es difícil de visualizar, se traduce en puntos en la clasificación. Si te embarran el campo acabas con barro. Los gestores han sufrido un acoso desconocido por estos lares, absolutamente orquestado y con tintes incluso mafiosos. Seguro que las equivocaciones del Consejo y cuerpo técnico habrían sido menos sin las zancadillas.

Cierto que futbolistas fichados para marcar diferencias decepcionaron. Ni Cuenca, ni Fariña, ni Medunjanin, ni Postiga, dieron la talla. La gestión deportiva ha estado a un paso de fracasar, pero quien crea que se pudo hacer mucho mejor distorsiona las expectativas reales de este club. ¿Habría sido igual con Vázquez en el banquillo? Esa pregunta rondará la cabeza de Tino, pero con la salvación en el bolsillo pierde relevancia. Después de un año tan crispado, tocó un día feliz y de esperanza en el futuro. Para ello, hará falta que, como fue siempre, el deportivismo reme en la misma dirección. Y el que no quiera, que no reme. Y deje en paz al Dépor.

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