La guerra de los Blues ya no es la guerra del Dépor


Los Riazor Blues han entrado en un proceso autodestructivo que les ha llevado a claudicar de aquello que nunca iban a abandonar: el Deportivo.

Ayer volvieron a demostrar que se encuentran en una deriva sinsentido, teatralizando su ausencia de Riazor y dando la espalda al equipo que es la razón de su existencia. Y lo hicieron en uno de los momentos más importantes de la temporada, anteponiendo su guerra contra Tino Fernández a los intereses de ese sentimiento al que dicen deberse.

Durante años, muchos años, los Riazor Blues no abrieron la boca mientras el club era llevado al abismo por Lendoiro. Fueron consentidos y utilizados por el presidente para perpetuarse en el poder y seguir ingresando miles de euros al tiempo que el club se sumía en un agujero negro.

Los gritos y cánticos de los Blues ayudaron a silenciar la infamia que se estaba cociendo en la plaza de Pontevedra.

Ahora, la causa que mueve a los Blues ya no es el Dépor. Prefieren gritar «Tino dimisión» o «Tebas vete ya», que animar al equipo. Prefieren embarrar el club en la defensa de sus ideales, normas, códigos o como los quieran llamar, a actuar como uno de los mejores grupos de animación que se han dado en el fútbol español. Se sienten tan llenos de razón que intentan saltarse las prohibiciones de la Liga de Fútbol Profesional, aunque eso pueda costarle a la entidad fuertes multas o sanciones. En definitiva, han acabado por convertirse en un fin en sí mismo, una especie de grupo de presión que ya no se sabe exactamente qué intereses defiende y de quién son esos intereses.

Una vez llegados a este punto crítico, los Riazor Blues tienen dos posibilidades. Pueden reinventarse o pueden desaparecer, pero nunca continuar como si tal cosa. Los tiempos han cambiado. Guste o no guste a los nostálgicos, esto ya no es lo que fue. Ni lo será.

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