Un año sin Lendoiro, que sigue sin responder de la ruina del Deportivo


Mañana se cumplirá un año desde que Lendoiro dejó de ser presidente del Deportivo. «Me voy para no dividir al deportivismo», dijo un día de Nochebuena para anunciar que no se presentaría a las elecciones del día 21 de enero. Faltaba a la verdad, una vez más. Porque Lendoiro no se fue, lo echaron. Tino Fernández fue elegido presidente en una junta en la que se dio cita un histórico 47,86 por ciento del accionariado. En ella, logró el 72,09 % de las 62.365 acciones presentes y representadas.

No nos engañemos. Lendoiro nunca habría dejado su juguete y se habría llevado al Deportivo a la tumba de no ser expulsado por la gran mayoría de los dueños del club. El expresidente nunca tuvo una pizca de generosidad para el Deportivo. Ganó mucho dinero, más de ocho millones de euros. Colocó a sus hijos, cenó y comió gratis donde y cuando quiso y utilizó la centenaria entidad como si fuera su cortijo particular. Y a pesar de ello, apenas se gastó doce mil euros en acciones y eso que hubo ampliaciones de capital que fracasaron estrepitosamente. Ni siquiera tuvo el detalle de renunciar a su sueldo cuando el club entró en concurso de acreedores. Al punto de que reclamó en el juzgado hasta el último euro, igual que todavía reclama el mayor de sus hijos.

Pero su salida del Deportivo todavía no se ha cerrado por completo. Un año después, el expresidente que arruinó el club hasta el punto de tenerle hipotecado para un montón de años, sigue paseándose como si no hubiera roto un plato sin que se hayan depurado responsabilidades. Si bien es cierto que hay abiertas diligencias previas por la denuncia de dos accionistas que le acusan de posibles delitos societarios, también lo es que hasta la fecha, nadie, ni la actual directiva, ni los fiscales, ni la administración, ni la Liga, ni nadie con mando en plaza, ha ejercido la noble responsabilidad de darle al Deportivo la oportunidad de resarcirse de los daños sufridos.

Ahora que se cumple el año de su salida, parece un buen momento para recordar que este episodio de la historia blanquiazul ha sido cerrado en falso. Tal ha sido así, que el propio Lendoiro se ha sentido tan a salvo que, en la sombra, se ha permitido poner palos en las ruedas a los actuales gestores.

Sin duda, estos se equivocaron al pensar que dejando a Lendoiro tranquilo, les iba a responder recíprocamente. Creyeron que pedir responsabilidades a Lendoiro podría dividir al deportivismo y se encontraron con todo lo contrario.

Lendoiro no les dejará en paz nunca.

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