El Deportivo se sacude la crisis ante el Valencia

Miguel Piñeiro Rodríguez
Miguel Piñeiro LA VOZ / REDACCIÓN

TORRE DE MARATHÓN

CESAR QUIAN

El conjunto coruñés consigue su primera victoria en Riazor, deja su portería a cero y rearma su autoestima

19 oct 2014 . Actualizado a las 23:39 h.

La cita no parecía la más propicia para la reacción, pero cuando más negra se ponía el panorama salió la mejor versión del Deportivo, que le dio un sorprendente revolcón al Valencia de nuevo aspirante a la zona noble. Presionante, acertado en ataque, solidario en defensa y con la necesaria dosis de suerte que se precisan en situaciones desesperadas, el Dépor fue fiel a las promesas realizadas en las últimas horas de que era necesario un cambio y lo plasmó en su actuación más convincente, que produjo la primera victoria en Riazor, dejó su portería a cero y sobre todo, rearmó una muy lastimada autoestima para comenzar a planificar la salida del pozo.

La octava jornada abocaba a una nueva revolución en el Deportivo, después de una pretemporada de trompicones en forma de relevos en el banquillo, fichajes con cierto retraso y lesiones inoportunas. No había tenido tiempo Víctor Fernández de amoldar un once tipo cuando la clasificación le dio una bofetada de realidad. Aprovechando el parón internacional, el Dépor habló de rearmarse enviando mensajes públicos que afectaban al lado emocional y físico: más intensidad, compromiso, capacidad de competir, estar más juntos. En el campo, ante el Valencia, el equipo coruñés quiso ser otro y lo consiguió. Desde la alineación en todas las líneas hasta los aspectos más telúricos del fútbol, pasando por lo que realmente importa: el juego con los pies. Ante un rival de postín con ínfulas de Champions, el Deportivo mostró lo que se intuía desde la confección de la plantilla: un equipo capaz, con virtudes sobrantes para ocultar sus carencias y, sobre todo, una renovada fe en sus propias posibilidades.

Todos estos matices se podrían encarnar en la figura de Lucas Pérez. El coruñés, sobre el que todo el mundo (afición, compañeros y sobre todo entrenador) puso tremendas esperanzas, comenzó tímido su primer partido como deportivista pero remató el primer tiempo con un gran gol que puso el punto y seguido al convincente ejercicio del Deportivo ante el Valencia, mucho más agresivo sin la pelota y rápido en ataque, auxiliado por la movilidad y el dinamismo de Cavaleiro, protagonista de todas las acciones de peligro. Actuó como teórico punta el portugués, pero en realidad fue un socio más para Cuenca, Fariña y Pérez, la línea creativa en ataque. Wilk aportó mayor solidez al mediocentro y sentido con la pelota y la rapidez de Luisinho y Juanfran en los laterales ofreció soluciones defensivas y en ataque.

No fue extraño ver a cuatro blanquiazules rodear a Parejo y Javi Fuego, un trabajo de presión que dio réditos desde el principio. El Dépor robó en zonas de peligro y las relampagueantes combinaciones de Fariña, Cavaleiro y Cuenca asustaron al Valencia. Chutó con peligro el portugués y Medunjanin rozó el larguero tras pase de Fariña sobre la línea de fondo. El Valencia no encontraba su compás. Agobiado en el centro, Piatti tardó en entrar en juego y sólo Rodrigo, empujado hacia la derecha, desequilibró por su lado. Un chutazo del excanterano vigués preocupó a Fabricio, que en el arranque tuvo poco trabajo en su regreso a la titularidad.

El equipo de Nuno niveló el partido con la posesión de la pelota y ahí el Dépor volvió a sufrir en alguna transición a campo abierto. Pero no hubo remates de peligro. Apenas un par de centros que se pasearon por el área coruñesa. Cuando el Deportivo empezaba a sentir lo primeros agobios, incapaz también de perfilar las contras en clara superioridad, encontró el equipo coruñés el primer gol. Medunjanin chutó una falta y obligó a Yoel al vuelo imposible a la escuadra. En el córner siguiente, el centro del bosnio lo rozó Cavaleiro y entre Mustafi y Gayá lo embocaron en su propia portería en una jugada de ojo clínico.

El gol soltó todo el lastre acumulado por los malos resultados y las críticas hacia el Dépor, que antes del descanso amplió y estuvo cerca del tercero. La jugada más simple del fútbol la aprovechó Lucas Pérez para corresponder a las expectativas. Ganó Cavaleiro el pelotazo largo y la prolongación le cayó al coruñés, que escorado a la izquierda y casi sin ángulo, soltó el latigazo seco y cruzado. Yoel no estuvo muy inspirado para evitar el 2-0. Y sobre el pitido del descanso, Wilk rozó un envío de Cavaleiro en una contra de las que el Dépor no supo resolver, algunas en situaciones muy provechosas.

Saber sufrir

A medio camino entre el esfuerzo realizado en el primer acto, un pasito atrás del Dépor y una mayor rapidez del Valencia, el segundo tiempo fue otra cosa. El equipo de Víctor Fernández perdió la pelota y, lo que es peor, la mantuvo poco tiempo cuando la recuperaba. La entrada de Carles Gil y de Feghouli en la reanudación amplió el campo de ataque ché, y el cansancio obligó al técnico blanquiazul a sustituir a Lucas y Cavaleiro por Juan Carlos (el descartado reapareció en el equipo) y por Toché. El Valencia arrinconó al Dépor pero los coruñeses se mantuvieron firmes, supieron aguantar la línea y sufrir lo que en otros partidos era bajar los brazos. Sidnei se impuso por alto y Fabricio no titubéo en las salidas. Carles Gil desbordó con su habilidad por la izquierda pero el chut de Rodrigo salió cruzado en exceso en la mejor ocasión del Valencia mediado el segundo tiempo.

Alcácer y Rodrigo conectaron por primera vez en el 75 pero el goleador no llegó al pase del brasileño. Los minutos pasaban y el Deportivo, sin demasiado sufrimiento atrás, apenas creaba peligro en el área de Yoel. Le faltó fuelle al equipo coruñés para dar un susto que le obligase al Valencia a tomar más precauciones en su asedio a Fabricio. El portero canario arrolló a Rodrigo, que sorprendió en un saque de banda a Sidnei, y el Valencia pidió penalti en el violento choque. Y justo después, Barragán volvía a percutir por la banda derecha y su centro lo remató Alcácer al palo. Eran los peores momentos para el Dépor, al que esta vez le acompañó la fortuna: una pérdida en el centro del campo y un pase de José Rodríguez (su primera pelota tras reemplazar a Cuenca) dejó a Toché solo ante Yoel. El portero intuyó el mano a mano pero no pudo evitar la sentencia y el alivio para un Dépor que respira tras dos semanas muy complicadas.