El Deportivo sobrevive con éxito a su año más convulso

La plantilla completa con profesionalidad el objetivo del ascenso tras los impagos y el club mira al futuro con optimismo tras el relevo en la presidencia


redacción

A primeras horas de la madrugada, la afición del Deportivo festeja ante la sede del club, donde previamente clamaban por una solución y por primera vez se volvían contra el presidente al frente de la entidad desde hace 25 años. Fernando Vázquez se unía a ellos y era casi manteado. La escena bien podría corresponder a la noche del ascenso, pero no: es el primero de agosto y el Dépor acaba de salvar su descenso administrativo. Así comenzó una temporada histórica en el deportivismo, que culminó con el retorno a Primera tras superar todos los obstáculos posibles, en el campo y en los despachos.

La plantilla del Deportivo comenzó la temporada casi en el mismo momento de terminar la anterior. Porque no hay vacaciones cuando tu trabajo pende de un fino hilo. Salió Valerón, el último mito de la historia gloriosa del club, por la puerta de atrás. Los impagos acuciaron a la plantilla hasta el límite de plantar cara públicamente a la gestión del consejo de administración entonces dirigido por Lendoiro. En julio los jugadores amenazaron plante y con no viajar a la concentración de Monforte. «La paciencia no es infinita, llevamos mucho tiempo en una situación muy mala», dijo el habitualmente comedido Juan Domínguez. Pesos pesados del vestuario se plantaron en una reunión de urgencia ante Lendoiro, que llegó a proclamar que había «dinero de sobra» a pesar de los meses de deudas en salarios.

En ese contexto convulso empezó a trabajar Fernando Vázquez para diseñar el equipo del ascenso, un Deportivo en agitación y sin fichajes, con la amenaza del cierre sobre su cabeza a causa de la gestión que degeneró en un tardío concurso de acreedores.

La noche del 31 de julio se salvó la permanencia por los pelos con un oscuro acuerdo entre Liga, Dépor y AFE. Mientras, las estrecheces económicas de un concurso en el que se reveló que la deuda real ascendía a los 156 millones de euros provocaron la tardía planificación de un equipo que comenzó cojo la Liga. Se sobrepuso Fernando Vázquez a los mimbres que recibió y el equipo alcanzó el liderato mientras estaba aún en construcción.

La continua disputa entre la economía de guerra de la administración concursal y la filosofía de camina o revienta de Lendoiro produjo situaciones surrealistas como la de Geijo, el ansiado delantero que llegó a A Coruña paseado en loor de multitudes en un descapotable pero que fue rechazado por no cumplir los requisitos económicos de austeridad. El perjudicado, Fernando Vázquez, a quien el exmandatario acusó de poco compromiso en la presión sobre los interventores y al que exigía el ascenso pero sin facilitarle las salidas en la plantilla para aligerar las arcas ni las consiguientes llegadas de jugadores.

Mientras el Deportivo sobrevivía en el campo, el club se enfrentaba a horas decisivas. Apremiado por la necesidad de un convenio de acreedores y un acuerdo singular con Hacienda, principal reclamador de la multimillonaria deuda, en diciembre Lendoiro vio cómo por vez primera se le tumbaban sus cuentas y el presupuesto de la temporada en la junta de accionistas. En enero Tino Fernández le relevó en la presidencia y la entidad coruñesa enfrentaba el reto en los despachos con aire fresco.

Sobre las mismas fechas, la plantilla empezó a cobrar sus nóminas con normalidad. «Cuando una plantilla está muy pendiente de ese tema (los impagos) no se entrena igual. Hay un poco menos de concentración en algunos aspectos», decía entonces Fernando Vázquez. El Dépor acusó todo el jaleo: sumó nueve puntos de 21 posibles.

El mercado de invierno volvió a mutar al equipo. El jugador referencia de la primera vuelta, el argentino Culio, era vendido al fútbol árabe y con su hueco salarial llegaron Toché, Salomão, Sissoko y Rabello. El Deportivo alcanzaría poco después los acuerdos necesarios para un plan de pago de la deuda y recuperó su normalidad institucional.

Sólo quedaba responder en el campo. Y el Deportivo de Fernando Vázquez lo hizo. «El comportamiento del equipo ha sido extraordinario, sensacional», se cansó de repetir el técnico sobre la paciencia de los jugadores en el año más convulso de la historia del Deportivo.

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