Por la puerta de atrás y dejando el barco a pique


Lendoiro se va. Hace semanas que sabe que el deportivismo no le quiere y lo pudo constatar el pasado viernes cuando, a pesar de poner todas las trabas y cometer todas las irregularidades imaginables, recibió un correctivo histórico a manos de los accionistas.

Pero, tal y como era de esperar, no se va como el capitán del barco. Huye por la puerta de atrás y pretende salvarse solo él, dejando el barco a pique, para que lo acabe de hundir el que venga. La fórmula elegida por Lendoiro para su adiós busca la vía de salida más cobarde: persigue irse de rositas dejando al Dépor en la ruina. Para ello, intentará cerrar un convenio de acreedores imposible de cumplir y favorable solo para él, que impida el enjuiciamiento de su gestión y una eventual depuración de responsabilidades.

Y de rebote pretende dejarle a su sucesor el gran agujero con Hacienda, el principal acreedor, con el que es imposible que Lendoiro llegue a un acuerdo. En la práctica, esto supondría cerrar en falso el concurso de acreedores y volver a situar a la entidad en causa de liquidación. O lo que es lo mismo, la quiebra definitiva, con el único culpable asistiendo al espectáculo como un simple espectador.

En algunos sectores se especula con la posibilidad de que la retirada de Lendoiro lleve aparejada una renuncia de su oponente a ejercer acciones penales por lo ocurrido en la junta. No obstante, si Tino Fernández tenía ayer razones de peso para defender en los tribunales los intereses de los accionistas a los que representa, hoy no ha dejado de tenerlas. Al contrario, Lendoiro se ha quitado la última careta, la de capitán del barco deportivista, y la única manera que tendrá Tino de gestionar una herencia envenenada es que la justicia ponga negro sobre blanco lo que se va a encontrar cuando aterrice en la plaza de Pontevedra.

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