¿Quién puede votar unas cuentas falsas a sabiendas de que lo son?


Hace unos días, Lendoiro se jactaba de que el Deportivo es la única institución libre de A Coruña. Desafiante, como en él es habitual, alardeó de que nunca jamás se ha puesto de rodillas ante nadie, haciendo ver que grandes ejércitos del mal han intentado una y otra vez reducir su voluntad y, por extensión la del Deportivo. Cualquiera que escuche a Lendoiro durante unos minutos comprobará lo difícil que resulta saber cuándo habla de sí mismo o cuando lo hace del club. Y ahí está la clave de todo lo que está sucediendo.

Amigo como es de retorcer los argumentos, sean legales, morales, económicos o filosóficos, Lendoiro hace tiempo que dio una desgraciada pirueta semántica para convertir dos realidades diferentes, el Deportivo y Lendoiro, en un destino en lo universal. «Quien ataca a Lendoiro está atacando al Deportivo», ha dicho más de una vez. Pero lo malo no es que el actual presidente se crea la fusión de los dos conceptos, sino que arrastre al Deportivo en todos aquellos charcos que con tanta frecuencia gusta pisar y lo convierta en un cortijo familiar y en un arma arrojadiza.

Solo desde una sobredosis de cinismo puede hablar de un Deportivo libre quien lo tiene secuestrado desde hace años y se niega a liberarlo.

La junta de accionistas de hoy, suceda lo que suceda, significará un punto de inflexión en este secuestro, con un Tino Fernández que, a pesar de jugar en inferioridad de condiciones, ya ha acreditado, por lo menos, tantas acciones como las que tuvo Lendoiro el pasado año. Pero con independencia de cuestiones electorales, hay otras cuestiones que se deberían recordar. En la junta se someterán a aprobación las cuentas de Lendoiro. Las mismas sobre las que la empresa auditora ha dicho que «no recogen la imagen fiel» de la entidad. No solo no la recogen, sino que la desfiguran brutalmente.

A Lendoiro le da igual la opinión de los auditores porque a tenor de su comportamiento la ley es algo, no ya prescindible, sino despreciable. Pero en su afán de perpetuarse en el cargo está arrastrando a numerosos aficionados hacia la consumación de un acto que dejaría una mancha imborrable en la imagen del Deportivo: la aprobación de unas cuentas falsas a sabiendas.

Es probable que haya quien se presente en la junta sin conocimientos de contabilidad y sin información alguna sobre el informe de auditoría, del que no se espera que Lendoiro lo entregue a los asistentes, al igual que en otros años. Habrá quien haga un auto de fe en el presidente y diga sí a las cuentas. Lo que ya no tendría perdón sería votar sí a unas cuentas falsas a sabiendas de que lo son. En este caso, la mancha no sería solo para el Deportivo, sino obviamente para aquel que decide ser cómplice de semejante felonía.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
15 votos

¿Quién puede votar unas cuentas falsas a sabiendas de que lo son?