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Más allá del resultado, el juego del Dépor dejó motivos para el optimismo

Los jugadores del Dépor celebran el 3-1, conseguido por Marchena pese a que la zaga visitante intentó sacar la pelota bajo palos.
Los jugadores del Dépor celebran el 3-1, conseguido por Marchena pese a que la zaga visitante intentó sacar la pelota bajo palos.

a coruña / la voz

Tercera victoria consecutiva del Dépor y lección táctica de un técnico que está exprimiendo sus escasísimos recursos.

Presión ordenada

Recuperaciones letales

El Mallorca comenzó el partido dominando y durante cinco minutos consiguió encerrar al Dépor a pocos metros de la portería defendida por Lux. Pasado el sofocón inicial (no es la primera vez que los coruñeses salen dormidos esta temporada), la posesión del balón se equilibró y los de Fernando Vázquez pudieron poner en práctica lo avanzado por el técnico el sábado. El conjunto local aprovechó, y de qué manera, la falta de confianza en la recuperación y en la creación de juego de la zaga visitante.

Aunque por momentos pareció que solo Luis Fernández presionaba arriba la salida de balón, pronto el atosigamiento se volvió coral. Geromel y Bigas sufrían con la pelota en los pies y Miño tampoco atinaba con los desplazamientos largos. El fruto fue casi inmediato. En el segundo balón robado en terreno balear, una rápida transición llevada por Culio y Arizmendi deparó el tanto de Luisinho.

Sociedad Culio - Luisinho

Desequilibrantes y sacrificados

El 1-0 se generó en la banda derecha, pero fue la izquierda la orilla más activa. Sobre todo, durante la primera parte. Allí se estableció una fructífera sociedad entre Culio y Luisinho. El luso había dejado clara (otra vez) esta semana su preferencia por el puesto de lateral. «Allí tengo adquiridas ya mis rutinas», explicó en sala de prensa. Poco ha tardado en recuperar las de interior y extremo; oficios que ya había desempeñado en Portugal antes de su reciclaje.

Tiranteces en Abegondo aparte, el ex del Benfica ha encontrado un complemento ideal en el argentino procedente del Galatasaray. Entre los dos se turnaron para minimizar la incidencia de las subidas de Ximo, al que sometieron además a varios dos contra uno en la banda sin necesidad de que Manuel Pablo se prodigase en ataque.

La ovación entre la que Culio abandonó el campo fue un justo premio a la recuperación de su mejor nivel. Provocó la primera amarilla de Geromel, filtró buenos pases, acertó en los saques de esquina y se vació en la presión, ahogando el centro del campo bermellón.

Bergantiños

Dominio absoluto en la medular

Un trabajo, el de recuperación, en el que volvió a brillar Alex Bergantiños. El salto de calidad del canterano ha sido inmenso esta temporada. Favorecido por las lesiones y la escasez de efectivos, está gozando de mucho más protagonismo que en anteriores campañas. Empezó luciéndose como central ante las bajas en la zaga y sigue a un nivel altísimo ahora que la ausencia de Wilk le ha devuelto a la medular. Ayer, con Juan Domínguez más discreto de lo habitual, se valió del respaldo de Culio para imponerse a Riverola y Alfaro. Además, limitó las opciones de pase de Thomas, que vivió un calvario de balones perdidos en zonas y momentos delicados.

La estrategia, decisiva

Dos a favor y uno en contra

El Dépor volvió a encajar a balón parado (quizá hubo falta de Víctor, pero a Seoane le faltó contundencia). Seis de los ocho goles que ha recibido han llegado en acciones de estrategia, pero al menos esta vez supo devolver el golpe. Con creces. La expulsión de Geromel mermó el poderío del Mallorca en el juego aéreo y los locales aprovecharon esta superioridad. Sobre todo, Marchena, protagonista en el 2-0 y el 3-1.

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