Lendoiro, insultado y protegido por la policía a la salida de la reunión

El presidente del Dépor y Rubiales vieron cómo llovían objetos a su salida del despacho de abogados

En el centro de la imagen, el presidente de la AFE, increpado por aficionados del Deportivo.
En el centro de la imagen, el presidente de la AFE, increpado por aficionados del Deportivo.

a coruña / la voz

El presidente del Deportivo de La Coruña y el máximo responsable de la Asociación de Futbolistas Españoles (AFE), Luis Rubiales, tuvieron que abandonar ayer, pasada la medianoche, las instalaciones del despacho de Garrigues en A Coruña protegido por la Policía. Tras haber comparecido ante los medios de comunicación y haber explicado algunos puntos del acuerdo que posibilita al club a permanecer en la Segunda División, Lendoiro y Rubiales fueron el blanco de medio centenar de aficionados que esperaban fuera del edificio y quienes insultaron e incluso llegaron a lanzar objetos contra ambos. Dos dotaciones de la Policía Nacional intervinieron para permitir que pudiesen abandonar el céntrico lugar en coche.

Media hora antes el mismo grupo de seguidores radicales ya había recibido a Lendoiro y a Rubiales de esta forma cuando se disponía a relatar cuáles habían sido las claves de la negociación -que estuvo a punto de agotar el plazo previsto por la Liga para salvar el categoría- a las puertas del edificio del Banco Santander (en el que también se encuentran las oficinas del conocido despacho de abogados). Entonces, al presidente del Deportivo y a su homólogo en la AFE les arrojaron varias bebidas y les increparon. La situación se descontroló y los protagonistas entraron de nuevo en el edificio.

Una tensa y larga espera

Lo que se vivió en torno a la medianoche se palpaba que podía suceder durante toda la tarde. Desde que a las cinco llegó Lendoiro al punto marcado para la reunión entre el consejo de administración, los representantes de los futbolistas, los acreedores y la administración concursal la tensión fue creciendo. Poco a poco aparecieron grupos de aficionados que ya mostraban su descontento con la lentitud de las negociones. Mientras el reloj corría, el ambiente se fue cargando y en el instante que el presidente hizo el primer intento de comparecer ante la prensa, toda esa presión se descargó de la peor manera.

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