redacción / la voz

La Tierra es un planeta habitable gracias a la atmósfera, que permite que exista agua líquida en la superficie, y al campo magnético, que protege al planeta de las partículas cargadas del Sol.

El flujo de corrientes magnéticas que rodea el mundo no permanece estable, se encuentra en constante movimiento. En 1831 se localizó por primera vez el norte magnético, que no es lo mismo que el geográfico. «O xeográfico indica o punto máis ao norte do planeta, mentres que o norte magnético é o que sinala un compás», apunta el físico Jorge Mira. A comienzos del siglo XIX el norte magnético estaba situado en Canadá pero desde entonces se ha estado desplazando hacia el este a un ritmo de unos 130 metros por día. «O ano pasado xa atravesou a liña internacional de cambio de data que pasa polo meridiano de Greenwich. Polo tanto, o norte magnético está agora mesmo situado máis cara a Siberia que cara ao Canadá», señala. Esto ha obligado a los científicos a actualizar el llamado modelo magnético mundial. «Aínda que o norte magnético se usa cada vez menos, pola introdución do GPS, hai quen se guía polo compás, e polo tanto é necesario modificar as cartas magnéticas», asegura el físico gallego.

Curiosamente, gracias a esta última actualización, las brújulas son más precisas que nunca, ya que el norte magnético y geográfico no han estado tan cerca, al menos en los últimos 180 años. La migración magnética es un fenómeno natural que ha ocurrido desde hace eones. Cada cierto tiempo, incluso se invierten. La última inversión ocurrió hace 780.000 años.

Un artículo publicado hace unos días en la revista Nature Geoscience predice que durante la próxima década el polo norte magnético continuará en su trayectoria actual, viajando entre 390 y 660 kilómetros hacia Siberia.

En un mundo tecnológico como el actual, estas alteraciones representan sobre todo una amenaza para los satélites que están en órbita. «La fuerza del campo mágico ha caído alrededor del 15 % en los últimos 150 años, un cambio bastante grande. No sorprende, por lo tanto, que las agencias espaciales y sus socios busquemos vías para proteger mejor la infraestructura», confiesa Rune Floberghagen, científico de la Agencia Espacial Europa.

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El polo magnético sigue a la deriva