Los secundarios se convierten en protagonistas

Patatas, champiñones y cebollas pasan de simples guarniciones a ser el plato estrella


Redacción

Todos lo hemos hecho. Probablemente sin malicia y con la tradición por bandera, hemos marginado a ciertos productos a auténticos secundarios. ¿La razón? En principio ninguna. Son determinados alimentos que hemos desplazado a simples guarniciones que acompañan a la preparación principal de cualquier comida. Por ejemplo, y ya sea carne o pescado, el acompañamiento puede ir desde una ensalada, pasando por pasta o arroz, hasta unas patatas o el habitual pan. Su objetivo principal es «adornar» al acompañado complementándolo y haciéndolo más atractivo ya sea realzando su color u ofreciendo un contraste de sabor entre ambos. En muchas ocasiones, la relación es tan fuerte entre protagonista y secundario que no se entiende ciertos platos o menús sin cualquiera de los dos elementos.

Teniendo todo esto en cuenta, lo cierto es que sigue sin existir una explicación racional para enviar a ciertos alimentos al final de la cola. A pesar de la losa que puede significar ser el segundo plato de cualquier preparación, lo cierto es que existen determinados productos que poco a poco, y con ayuda de algunos chefs que no se dejan llevar por las tradiciones, van reclamando su espacio y su protagonismo. Como un actor o una actriz encasillados eternamente como secundario, buscan dar el salto y coronarse como estrella sin tener que sufrir las criticas por querer ser más de lo que es. Es, por ejemplo, el caso de las patatas, los champiñones y las cebollas -que se pueden encontrar en los supermercados de El Corte Inglés- que viven como habituales elementos que forman parte de otros platos.

La patata es uno de los recurrentes: que si fritas, cocidas, al horno, como parte de la tortilla... y lo mismo le sucede a los champiñones que pasan de ser habituales en salsas a ser acompañante del arroz. ¿Y la cebolla? Otro tanto de lo mismo. En ensalada, empanada o cualquier sofrito, hace saltar las lagrimas, quizás por su hartazgo de no ser la estrella del menú. Pero esto ha llegado a su fin. Por esta razón, proponemos un menú alternativo para todos aquellos partidarios que quieran que los secundarios se conviertan en protagonistas.

Las patatas, de picoteo

Este planta que llegó a Europa procedente de Sudamérica hace un par de siglos cambió radicalmente la forma de entender la cocina. Actualmente, pasa por ser uno de los alimentos más consumidos de todo el mundo. Razón no le falta puesto que, entre las formas que hay de cocinarla y los distintos tipos que hay en el mercado, se pueden comer durante todos los días sin repetir en un largo tiempo. Pero ojo, el abanico no es solo como guarnición y las patatas van más allá de ir fritas, cocinas, al horno o bañadas en mil millones de salsas. También pueden ser un habitual del picoteo.

Patatas bravas:

- Tiempo: de 40 a 60 minutos

- Ingredientes para cuatro personas: 4 patatas grandes, aceite de oliva, 100 gramos de sobrasada, sal, 500 gramos de tomate triturado, 2 dientes de ajo, media cebolla, una cucharada de pimentón dulce, 2 cucharadas de tabasco, unas gotas de vinagre de Jerez, aceite de oliva, pimienta negra molida y una cucharada de azúcar.

- Elaboración:

En una cacerola al fuego con un chorro de aceite de oliva, pochar el ajo y la cebolla picada. Cuando esté transparente la cebolla, rehogar con el pimentón. Después, añadir el tomate y dejar cocer a fuego lento durante 20 minutos y salpimentar. Por último añadir el tabasco, el vinagre y el azúcar. Dejar cocer 5 minutos más, triturar y colar. A continuación, pelar las patatas y sacar cuadrados de 5 cm aprox. Con la ayuda de un sacabocados hacer un hueco en el interior de los cuadrados, lavar y secar bien.

Poner una sartén con abundante aceite de oliva, pochar las patatas y cuando estén blandas sacar y dejar calentar el aceite. Freír las patatas hasta que queden crujientes, sazonar.

Colocar la sobrasada en una manga pastelera con la boquilla fina y rellenar el interior de las patatas. Servir acompañadas con la salsa brava.

Los champiñones, como entrante

Gracias a su sabor neutro y delicado, su popularidad en la gastronomía es más que evidente. Si a esto le sumamos la baja cantidad de calorías que aporta, es normal y habitual que sea una de las guarniciones de las que más tiran los amantes de este producto. Y al final del día esto se nota, ya que es el hongo más consumido en todo el mundo. Sin embargo, por estas mismas características, a las que habría que añadir que es rico en fibra, vitaminas y potasio, muchos buscan darle una segunda vida más allá de simples acompañamientos o de salsas. Su uso como entrante es más que recomendable si se quiere ser original y sorprender a los comensales, cambiándole así un poco los planes y las rutinas.

Champiñones al estilo de Livonia (Letonia):

- Tiempo: de 10 a 20 minutos

- Ingredientes para cuatro personas: 400 gramos de champiñones pequeños, 2 dientes de ajo, 40 gramos de pepinillos, una remolacha cocida, alcaparras, zumo de medio limón, aceite de oliva, pimienta y sal

- Elaboración:

Pelar los dientes de ajo y picarlos. Lavar los champiñones.

Calentar un chorrito de aceite en una sartén y posteriormente añadir el ajo y los champiñones. Dejarlos freír durante 10 minutos girándolos paulatinamente. Cortar los pepinillos en láminas y la remolacha en juliana. Servir los champiñones rellenos de la remolacha, el pepinillo y las alcaparras.

Se puede servir frío o caliente.

Las cebollas, como plato principal

Hace siglos, las capas de las cebollas simbolizaban en algunas civilizaciones la vida eterna. Poco después se consolidó como ingrediente imprescindible en las gastronomías y dietas de casi todo el mundo. Sin embargo, en la actualidad y a pesar de la gran cantidad de virtudes curativas, este bulbo ha sido desplazado a simple guarnición o como parte de otros platos como la ensalada, la empanada o los sofritos. A pesar de ello, este bulbo ha reclamado su sitio y puede ser un verdadero plato principal de cualquier comida si se sabe jugar con inteligencia en la cocina.

Quiche de cebolla:

- Tiempo: más de 1 hora

- Ingredientes para seis personas: una cucharadita de sal, un kilo de cebollas, seis huevos, cuatro lonchas de beicon en dados, una cucharada de harina, 100 mililitros de aceite de oliva, dos cucharadas de leche, 200 mililitros de nata líquida, una cucharada de tomillo picado, pimienta, y sal. Para la masa quebrada: 300 gramos de harina, 150 gramos de mantequilla y dos cucharadas de agua

- Elaboración:

Para la masa, disponer la harina tamizada con un hueco en el centro y echar la mantequilla a temperatura ambiente cortada en dados y la sal. Trabajar con la punta de los dedos hasta que adquiera textura de arena. Agregar el agua poco a poco y amasar para obtener una masa uniforme. Formar una bola, tapar con film transparente y mantener en la nevera 30 minutos.

Pelar y cortar en aros las cebollas. Calentar 1 cucharada de aceite en una sartén y rehogar el beicon. Calentar el resto del aceite y rehogar las cebollas sin que cojan color. Salpimentar.

Forrar con la masa un molde de tartaleta de unos 24 cm. Pinchar el fondo con un tenedor y dejar en el congelador 10 min. Sacarlo, cubrir el fondo con una hoja de papel de aluminio y ponerle unos pesitos encima. Cocerlo en el horno precalentado a 200 grados 15 min.

Batir los huevos; agregar la nata, la leche y la harina; mezclar bien. Incorporar las cebollas, el beicon y las hierbas aromáticas; mezclar. Salpimentar al gusto. Rellenar el molde y cocer en el horno a 180 grados 15-20 min, hasta que cuaje. Espolvorear con tomillo picado.

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