La cerveza es el nuevo vino

Como la hamburguesa, la bebida más popular del mundo se eleva hasta convertirse en el nuevo producto gourmet

cerveza

Redacción

Rebuscando entre los estratos más bajos de la pirámide alimenticia, los aficionados a elevar a la categoría de gourmet productos que siempre han pertenecido al ámbito popular han identificado el zumo de cebada aromatizado con lúpulo como su nuevo objetivo. O lo que es lo mismo, la cerveza. Primero fue la hamburguesa y ahora, con esta suerte de bocadillo de carne picada cotizándose a una media de diez euros la unidad, el vino empieza a sentirse amenazado ante el salto de categoría de la caña de toda la vida. Las catas de cerveza son ya los nuevos nidos de modernos. Cansados de las degustaciones de uva hecha alcohol, este complicado líquido, que a nadie le gusta la primera vez que lo prueba, se proclama la nueva elección fetiche a la hora de cantarle los deseos al camarero.

Es la cerveza una bebida delicada, pero llena de posibilidades. Tan descontroladamente se ha expandido su universo en los últimos dos años que resulta una práctica común elaborarla en casa, las cervezas artesanas vuelan en las estanterías del supermercado, los packs para fermentarla en modo casero fueron el regalo estrella de las últimas navidades y los barrios más alternativos de las grandes ciudades han sido tomados por una considerable cantidad de cervezotecas especializadas en marcas impronunciables de este amargo fluido.

Es justo esta acidez lo que arrastra a los menos ilustrados a mezclarla con gaseosa o limón, un pecado mortal, similar al de combinar coca-cola con tinto, para los que realmente saben del jugo de cebada. Pero lo que aparentemente contaba con todas las trazas de ser una moda pasajera más está, para disgusto de los defensores de la clara, tardando en caducar. ¿Supone este furor heredado de los países del centro y el norte de Europa un cambio en los hábitos de consumo de los españoles? ¿Comenzará a desarrollar el español una prominente barriga cervecera de aquí a 20 años o se convertirá esta bebida gaseosa en un símbolo más de sofisticación, ingiriéndose con recato y desterrando su asociación con la panza rebosante y la tez colorada?

Parece que los tiros siguen esta segunda vía. Parece que la cerveza se aleja de su llana y simple función refrescante, de su imagen de chancla, vaso de plástico y chiringuito, para arrimarse a la exclusividad, a la azotea, a la copa de cristal, a la botella de diseño. Parece que la escala se enriquece. Y parece que cada vez se pide menos una caña huérfana en los bares, sin importar cuál sea su apellido o su consistencia en el paladar, y se entona con más frecuencia en la barra modelos específicos de determinadas marcas que hasta ahora sonaban a chino.

El arte de servirla y el de degustarla

Las normas de la cata de cerveza, al igual que las del vino, imponen una fase inicial visual, otra olfativa a continuación y los siguientes pasos degustativos: dar un sorbo para enjuagar la boca, retener el trago unos segundos y empujarlo hacia la garganta. El segundo sorbo, dicen los expertos, será clave para identificar otros matices que en primero pasan completamente desapercibidos. Y nunca se debe seguir la pauta que en la cata de vino establece que hay que escupir el líquido probado.

Servir una buena jarra de esta popular bebida tampoco es fácil. No todas se vierten de la misma manera: las rubias ligeras suelen tomarse a 6 o 10 grados; las negras admiten una temperatura más alta, de entre 8 y 10 grados. Los entendidos en el tema aconsejan mojar el vaso con agua fría antes de servir para evitar muchas burbujas y tener el recipiente ligeramente refrigerado. Es de dominio popular que la copa debe inclinarse para demarrar en su interior el líquido, haciendo que caiga directamente en las paredes y evitando así que se convierta en una piscina de espuma. Cuando el vaso comienza a estar lleno, deberá enderezarse para que culmine con el punto espumoso exacto, sin perder un ápice de fuerza.

Más datos para defender la teoría. Bélgica ostenta el título de país con más tipos distintos de cerveza. Más de 500 marcas cuentan con denominación de origen belga, perfectas para los que se inclinan por los sabores con carácter. Desde el dorado pálido al rojo flamenco, una minuciosa variedad de colores ilustra el catálogo, hoy al alcance de la mano de cualquier curioso que quiera atreverse a probarlas. No hace falta cruzar Europa para hacerlo. El supermercado de El Corte Inglés cuenta con una interesante selección con la que ir empezando. ¿El siguiente paso? El turismo cervecero. Tiempo al tiempo.

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