Por qué abril será el mejor mes del año

El cuarto de la fila puede presumir de ser el mes más atrevido. Llegan los días largos, las nuevas tendencias, las escapadas. Nos preparamos para el verano

Abril

Hace tiempo, alguien me regaló un cedé con una selección de canciones grabadas. Todas hablaban, en algún momento, de abril. Te quiero igual, de Calamaro; Abril, de la Fuga; Quién me ha robado el mes de abril, de Sabina; 20 de abril, de Celtas Cortos... Fue el mejor regalo que me hicieron en mucho tiempo. Durante años lo escuché una y otra vez, preguntándome por qué el cuarto mes del año era tan especial. Por qué abril, aunque T.S. Elliot asegurase rotundamente que era el mes más cruel, es música y calor, es dormir poco y reírte mucho, es un mes nervioso. Por qué en abril llueve (mucho), pero lo hace con alegría y no con furia. Por qué abril es la calle, los paseos y el vermút. Y me di cuenta de que estos treinta días, que se desentumecieron este mismo martes del frío del invierno, son el backstage del verano, una pequeña siesta en forma de Semana Santa para cerrar los ojos y escapar, una cuesta abajo, un trampolín. Como un viernes antes del fin de semana. Inquieto, revolviéndose en sí mismo, sediento de planes.

Este caótico abril se presenta especialmente perfecto para convertirse en un recuerdo difícil de superar. Amaneció con una avalancha de luz, herencia del cambio de hora del 30 de marzo, con noches minúsculas y días mayúsculos, estirados hasta más allá de la nueve, sobre todo en la cara atlántica. Con abril regresó la pasión por el cine gracias a una nueva edición de la Fiesta del Cine. Las salas abarrotadas acogieron con los brazos abiertos el gran campanazo cinematográfico de esta primavera, Ocho apellidos vascos, demostrando que la pasión por la gran pantalla, las palomitas y las butacas escalonadas todavía sigue viva y coleando. Esperan en cartelera estas cuatro semanas producciones como El Gran Hotel Budapest, el nuevo trabajo de Wes Anderson; la reinterpretación bíblica Noé, con Russell Crowe a la cabeza del reparto; o, en clave nacional, Kamikace, con Álex García y Verónica Echegui. Llegó además este mes un aluvión de novedades musicales para cambiar nuestra banda sonora del 2014, aburrida de la humedad y la pereza de los primeros meses del año. Solo dos ejemplos de lo que está llegando: el nuevo disco de Sidonie, Sierra y Canada, y el último tema de Black Keys, Fever.

Pero abril son además escapadas y maletas. Con el parón de Semana Santa en el punto de mira, las multitudes se apresuraron meses antes a reservar vuelos y noches de hotel, casas rurales, spas o cualquier otra opción para romper con la rutina. Es un momento propicio para viajes fugaces, para disfrutar de la oferta turística de las procesiones o, en su defecto, huir a lugares tranquilos, sin rastro de tambores ni saetas. La opción del festival encabeza los favoritismos: a lo largo de esta semana, Tui acoge el certamen de cine independiente Play Doc y el fin de semana del 11 y el 12 se celebrará en Vilalba (Lugo) el FIV, con las actuaciones de Amaral, The Right Ons, Los Coronas, Izal o León Benavente, entre otros. Y hay que equiparse para la ocasión. Porque abril también es época de estrenos. Con la atmósfera ya un poco más templada apetece renovar los armarios y enfundarse de una vez en las prometidas tendencias que anticiparon hace ya meses las pasarelas. El Corte Inglés acaba de estrenar su nueva colección de primavera, tanto para hombre como para mujer, un terremoto de color que resucita los estampados tribales y los detalles de inspiración étnica, empujándonos a cerrar la puerta de casa -por fuera-, salir a la calle y disfrutar del sol. Incluso de su ausencia si fuese necesario.

Con el invierno ya en la retaguardia, impera en este mes las propuestas veraniegas, que estimulan los instintos, enamorados sin remedio de la playa y las noches de agosto. Así, abrimos los brazos a las nuevas prendas. Qué más da que sean arriesgadas. Abril es riesgo y atrevimiento. Unos pantalones, que son falda. Un vestido que no es corto, pero tampoco largo. Un bolso que absorbe temerariamente colores antes inimaginables. Unas sandalias con un tacón cuadrado que, hasta hace unos años solo llevaban nuestras tías lejanas y que ahora solo pensamos en cómo combinarlo con los mejores vaqueros del armario. La recuperación del bañador -sí, del traje del baño entero de una sola pieza-. Los chalecos, los flecos y las flores. De nuevo. Redibujadas. Absorbiendo las líneas de inspiración japonesa. Las deportivas que nuestra madre tiró a la basura cuando acabamos el instituto. Bienvenido abril. Estamos dispuestos a ponernos en tus manos.

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