«Euphoria» se despide para siempre enredada en un empoderamiento femenino cargado de misoginia
TELEVISIÓN
La influyente serie de HBO ha llegado a su final definitivo tras una polémica tercera temporada, en la que Sam Levinson ha subido la apuesta, con resultados tan icónicos como irregulares
02 jun 2026 . Actualizado a las 21:31 h.Ha sido una de las series más influyentes de la televisión reciente; una de las mayores canteras de talento interpretativo joven que sirvió como trampolín para la nueva generación de estrellas —no se entenderían sin ella las trayectorias de los ahora omnipresentes Zendaya, Jacob Elordi o Sydney Sweeney—, pero también deja un legado como una de las ficciones más controvertidas, ante el innegociable estilo en los límites del buen gusto de su creador, Sam Levinson. Pero ahora, tras tres temporadas, 26 capítulos y casi siete años entre su inicio y su cierre, Euphoria ha llegado definitivamente a su fin.
Así se lo certificó HBO a Variety solo unas horas después de que Levinson lo insinuase en una entrevista para un pódcast de The New York Times. «En lo relativo a la historia que queríamos contar, que trata sobre la adicción y sus consecuencias, me parece que esto es el final», explicó su creador, director y guionista, aunque a los espectadores que presenciaron el destino de sus personajes en su último capítulo, Confiamos en Dios, emitido este pasado lunes, no les habrá pillado por sorpresa.
Euphoria es la manera que encontró Levinson para ficcionar sus propias experiencias adolescentes sobre la soledad, la depresión, la sexualidad o las adicciones, a través de la adaptación de una serie israelí de idéntico nombre. En ella, y a través de los personajes de Rue, Maddy, Nate, Cassie y Jules, articuló una historia sobre la drogadicción y sus consecuencias; sobre la explotación propia y la que ejercen otros aprovechándose de las circunstancias más adversas; sobre los traumas que acaban aflorando como pequeñas y grandes violencias que acaban pagando los demás. Todo eso, llevado al límite. Uno que, como esa frontera estadounidense en la que se desarrolla su tercera temporada, es igual de permeable: su creador se mueve siempre en una fina línea que hace difícil distinguir si estamos ante una apología o una advertencia sobre los comportamientos más malsanos del ser humano.
Con la Costa Oeste y esa frontera del narcotráfico y el fentanilo como escenarios, Levinson se rinde a elementos tarantinianos, como el gore cómico o el tempo y el montaje coreografiados para generar tensión, que alcanzan su cénit en el clímax protagonizado por Ali Muhammad (Colman Domingo) en su último capítulo. Ingredientes que se suman a su potente puesta en escena, su gran pulso narrativo, las entregadas interpretaciones de todos sus actores y sus icónicas escenas, inextraíbles de la memoria del espectador.
Levinson parece querer poner en valor, además, el empoderamiento femenino: convierte al único personaje masculino, Nate (Elordi), en un pelele víctima fatal de sus deudas y nefastas inversiones, y a su prometida, Cassie (Sweeney), y a su ex mejor amiga, Maddy (Alexa Demi), en las auténticas proveedoras. Pero toda esa supuesta intención queda en entredicho al hacerlo desde los terrenos más incómodos, rayanos en lo misógino: la explotación sexual, propia y ajena, como método único para lograr el triunfo, algo palpable también en el desdibujado papel de Jules (Hunter Schafer) o en los personajes, nada anecdóticos, interpretados por las españolas Rosalía y Priscilla Delgado. Es difícil discernir cuánto hay de reflexión crítica y cuánto de fetichismo en ciertas decisiones creativas, como la de adaptar la famosa escena de El ataque de la mujer de 50 pies con Sydney Sweeney en el papel de una gigante modelo de OnlyFans que atemoriza a sus clientes en plena faena onanista.
Solo la narradora de la historia, Rue (Zendaya), víctima también de su pasado —en su caso como expolitoxicómana—, parece a lo largo de la temporada encaminada hacia una redención. Aunque Levinson, quizás basándose en sus propias experiencias para salir del hoyo, la hace transitar hacia un potencial destino particularmente reaccionario, a través de la religión, y con una cerrada comunidad cristiana —unida, aunque profundamente conservadora— como modelo e inspiración de la protagonista. La joven busca constantemente la explicación en la Biblia, y hasta tiene su momento de epifanía, en una de las muchas referencias a los evangelios en esta tanda de episodios.La propia serie se compara a sí misma con los textos sagrados cuando reflexiona, en boca de Lexi (Maude Apatow), que estos «están llenos de violencia y sexo»; aunque con moraleja: todos intentan, a pesar de todo, salir siempre adelante. En Euphoria, no todos lo consiguen. Tampoco la propia serie.