RTVE critica que el director de Eurovisión no cierre la puerta a readmitir a Rusia: «Lo haría solo para justificar su doble rasero con Israel»

P. V. REDACCIÓN / LA VOZ

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Martin Green, director de Eurovisión
Martin Green, director de Eurovisión Leonhard Foeger | REUTERS

José Pablo López considera las declaraciones de Martin Green en una tensa entrevista como «un insulto flagrante a los valores europeos»

16 may 2026 . Actualizado a las 19:03 h.

A Eurovisión se le está haciendo eterna la semana en la que se cumplen 70 años del inicio del festival. A todas las polémicas que circundan al festival, derivadas de la presencia de Israel, se les suman ahora las nuevas y polémicas declaraciones del director del certamen, Martin Green, en una entrevista al periodista independiente Pablo O'Hana, en las que, entre otras cosas, no cierra la puerta al posible regreso de Rusia a la competición. Unas palabras que ya le han valido la reacción del presidente de RTVE, José Pablo López, quien alerta de que, como advirtió ante la Comisión de Control en noviembre del año pasado, la Unión Europea de Radiodifusión podría llegar a hacerlo «solo para justificar su doble rasero con Israel». Algo que considera «un insulto flagrante a los valores europeos» y que espera sirva para que la UER reaccione.

En la entrevista, el periodista independiente pone contra las cuerdas a Green ante la incoherencia de los planteamientos de Eurovisión para tomar la decisión del certamen de excluir a la candidatura rusa a partir de la invasión del Gobierno de Vladimir Putin a Ucrania y no hacer lo mismo con la hebrea, tras las acciones del Ejecutivo de Benjamin Netanyahu sobre Gaza que han causado la muerte de miles de personas y han sido considerada por algunos actores internacionales y nacionales de genocidio.

Green, que en un principio dijo no entender la pregunta, aceptó que, efectivamente, no hay ninguna norma interna que prohíba a un país participar en caso de una invasión, y se escudó en el caso de Rusia en la decisión de sus socios y en las acciones de los operadores de radiodifusión rusos que formaban parte de la UER. Asegura que estos estaban por completo bajo el control del Gobierno de Putin, algo que va en contra de los principios fundacionales de Eurovisión. Según él, eso contrasta con la KAN israelí, argumentando que la cadena hebrea ha sido amenazada en varias ocasiones ser privatizada ante su negativa a adherirse a las imposiciones de su propio Gobierno.

Además, el presidente de Eurovisión se refirió a que, en el caso de Rusia, la abrumadora mayoría de los socios de la UER habían aceptado que la mejor opción era expulsar a los entes rusos de radiodifusión. Asegura que es algo que nunca ha pasado con Israel, ya que «el 70 % de los socios han decidido que siga». Una afirmación engañosa, ya que esa votación, que varios miembros como España habían pedido, nunca llegó a producirse como tal.

Lo que sucedió realmente es que el ente transnacional, en sus reuniones a finales de año, planteó una serie de medidas para intentar arreglar algunos de los errores que muchos socios veían en el Festival de la Canción e indicó en ese momento que, si las cadenas aceptaban esos cambios, ya no sería necesario votar sobre la permanencia de la candidatura hebrea. Las medidas fueron aceptadas por la mayoría, pero esta maniobra hurtó a los países la capacidad real para decidir la expulsión de la KAN.

Por todo ello, Green afirmó que teóricamente sería posible el regreso de Rusia incluso si la invasión de Ucrania siguiese en marcha, aunque destacó que lo veía como algo lejano, dada la oposición de la mayoría de los países miembros. 

Otro momento de tensión llegó en el momento en el que Green se jactó de que Eurovisión es un festival al margen de la política y que, más bien al contrario, supone un verdadero escaparate de la unidad y de la confraternización, de la paz por encima de la guerra. Según el director del certamen, todas las sensibilidades y pueblos están representados.

Pero, en el momento en el que el periodista le propone una actuación en representación de Palestina, incluso aunque no fuese competitiva, que sirva para equilibrar a los dos bandos en conflicto, Green se escuda en los organizadores nacionales. «Esas decisiones creativas les corresponden a ellos, los respetamos y no queremos interferir», argumenta, recalcando que el festival ha sido durante setenta años la mayor demostración de paz y unidad. 

«Atrévete a decirme que el espectáculo no celebra la unidad, la comunidad, la diversidad, que no le abre los brazos a todo aquel que necesita un abrazo», reta Green a los críticos. Y O'Hana recoge el guante. «¿Entonces eso incluye a la población palestina, que, por definición, no está incluida? No están aquí», responde, ante lo que a Green solo le queda conceder que, «por definición, efectivamente no». «Pero es que somos una organización democrática, y son los miembros los que deciden», se justifica.